Encontrar nuestra propia voz

¿Te ha pasado alguna vez, que te hacen una pregunta? y cuando la respondes, lo que dices, ¿tu receptor no lo recibe? ¿Cómo te sientes con la diferencia de pensamiento?  ¿Te abres al diálogo o te cierras a él? ¿Y luego qué sucede dentro de ti?

Hace años cuando empecé a estudiar música, algunas personas me preguntaban ¿A qué me dedicaba o qué estudiaba? Al darle mi respuesta: estudio música, canto. Reaccionaban de distintas formas con esta corta palabra “música”.

Recibí algunas respuestas un tanto desalentadoras tales como: que bien, pero me refiero ¿A qué te vas a dedicar? Quiero decir ¿De qué vas a vivir? Si, pero ¿Qué carrera estudiaras? Yo, soñadora y joven, hice caso omiso a esos comentarios. Rara vez me afectó el agrio de esas ideas. Solo en momentos estuve a punto de desanimarme.

Por suerte, pude estudiar lo que más emociona a mi alma. Tuve todo el apoyo que necesitaba y, mi familia jugó un papel muy importante. Ha sido un camino apasionante y rico en aprendizajes. No sé si ocurre en otra parte del mundo, pero estudiar música en México es toda una victoria.

Curiosamente me ocurrió una experiencia similar en mis primeros años de maternidad.

En una ocasión, una mujer (mamá, por cierto) me contestó algo similar al respecto con la crianza. Cuando le comenté, –ahora estoy embebida en la maternidad, para mi sorpresa, me dijo: ¡¿Nada más?! y ¡¿Qué más?! Pensé ¿No es suficiente? ¿A qué se refiere? Alguna vez leí: «Para criar a un niño se necesita de toda una tribu».

Cual sea la razón por la que una persona se refiera así, te confronta con esa pregunta. También, con otras cientos que una misma se hace al día, surge la pregunta. ¿Qué te pertenece y qué es del otro?

Poder discernir que es propio y que es ajeno lleva tiempo. Al menos para mí, fue así especialmente en la adolescencia.

Finalmente, por lo común, cada quien se auto percibe con el filtro de sus propios pensamientos. También percibe al otro con su propio estado anímico. Aunque en su mayoría las conversaciones nutren, hay muchas otras que no. También existen aquellas que generan ruido y ambientes hostiles anímicamente. Así que, reconocer que le hace bien a tu ser es un gran punto de partida.

En la música existe una cualidad que se llama tempo. Es un término musical que se refiere a la velocidad y al carácter de la obra. Incluye varias cualidades musicales. ¿Alguna vez te ha pasado que necesitas varias palabras para poder describir algo y aun así no te alcanzan? Pues, tempo, es una de esas palabras. Logra resumir varios elementos. Estos incluyen la expresión de un sentimiento, la velocidad y el ritmo. Este conjunto da carácter o temperamento a la obra musical. Pensar en este término me recuerda tener en cuenta estos elementos en lo social. Reconocer el ritmo propio y el ajeno es importante. Contribuye a que el timbre de nuestra propia voz no se pierda en el ruido. Tampoco se pierde la voz del otro.

Aquí un ejemplo del tempo:

 Allegro moderato, andante, etc.

Inicio de la Sonata K. 331 de Mozart Dale click donde dice Sonata y escucharas la melodía

Me gusta esta analogía entre la música y el ser humano. El tempo de la música en la biografía podría ser lo que llamamos: temperamento.

Encontrar la propia voz en medio de todo y tanto es una práctica de todos los días. Esta tarea requiere voluntad. Eso ya son grandes palabras. Darle la bienvenida cada vez que se abre un claro en el espeso bosque, reconocer su timbre, color, extensión, intensidad.

Conocer la voz del alma es importante. La voz es solo un destello de tu gran ser. Escucharla a pesar de ambientes hostiles o en el silencio profundo puede llegar a ser la mejor decisión.

Tal vez la vida se trate de habitarse, habitar tu propio cuerpo.

¿Qué es suficiente? ¿Qué es bastante?

El vacío

El Tao

El silencio

Pausa

Entonces, vuelvo a la pregunta inicial.

Algunas veces las respuestas no son tan visibles como desearíamos, pero el arte y la poesía nos acercan. El siguiente poema me ha parecido muy cercano a lo que quiero expresar. Aunque se refiere en femenino, es para todos.

Y entonces te das cuenta... que afuera no hay nada que pueda resolver tus dilemas internos. 
Ni juez que decida si estás haciendo o no lo correcto. 
Ni corazón que pueda latir como el tuyo. 
Ni cuerpo que responda al amor como el que contiene tu alma. 
Ni tiempo para esperar el tiempo de otros. 
Ni ganas de vivir de esperanzas prestadas. Entonces te levantas y muy sencillamente, atraviesas tu puerta y entras en tu vida....para hacerte su dueña, decorarla a tu gusto, estallarla de música y vibrar de colores. 
Porque a eso viniste, a habitarte completa, 
sin excusas, sin miedo, sin dilación, ni culpa.             

Del libro: "De ser y de seres. De amor y de amores" 

.~Simone Seija Paseyro

Cariños,

Ainek

4 de mayo 2021


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