Gracias 2025. Bienvenido 2026

12 meses, 365 días, 52 semanas.
12 intenciones.
13 lunas nuevas, 12 lunas llenas, 2 eclipses.
4 estaciones que se suceden en silencio: invierno, primavera, verano y otoño.

Mi abuela paterna se fue una mañana temprano, un lunes de enero, el 20 para ser exactos. Ese día, un silencio profundo e inmenso lo cubrió todo, entre lo abrumador y lo compasivo.

Así comenzó mi 2025.

Nos preparábamos para ir a la primera entrevista en busca de secundaria para mi hija cuando recibimos la noticia.

Desde entonces, el año pareció avanzar con una velocidad extraña, entre lo cotidiano y lo profundo.

El 2025 pasó en un suspiro.

Y aquí estamos, en el último día de diciembre, intentando escribir los propósitos para el año que comienza: 2026.

Hubo tantos acontecimientos este año que sería imposible nombrarlos todos.

Sin embargo, cuando intento mirar lo esencial, todo parece reunirse en la gratitud:
los aprendizajes y los desafíos,
los aromas y los sentidos,
los atardeceres y los amaneceres,
el frío y el hogar,
la amistad y los sueños,
lo realizado y lo apenas iniciado,
lo hablado y lo no dicho,
los tejidos finos de la vida cotidiana,
los maestros y alumnos,
las comadres y compadres,
los nuevos amigos,
lo antiguo y lo siempre presente:
las raíces.

Este año no trajo tantos viajes, pero sí una profunda fortaleza, alquimia y transformación.

Gracias, 2025.

Y quizá justamente por todo lo vivido, al acercarse el cierre del año no sentí deseos de escribir grandes propósitos ni metas monumentales. Más bien apareció la necesidad de volver a lo simple: pequeños gestos capaces de sostener y transformar la vida cotidiana.

De ese sentir nace este pequeño gesto:
doce intenciones para el año que comienza.

Un recorrido inspirado en el adviento del tiempo, en lo que se va y en lo que llega, en lo que se transforma y en lo que permanece.

Un deseo simple:
un nuevo año,
un buen futuro,
la fuerza del futuro.

Intenciones

Enero
Abrir el año con abrazos largos en casa. El invierno invita al abrigo, y el cuerpo recuerda el lenguaje del calor.

Febrero
Habitar lo cotidiano con una sonrisa.

Marzo
Mirar a cada persona con la intención de encontrar lo bueno en su presente.

Abril
Elegir la pausa antes del conflicto. Hablar con suavidad, buscando palabras que unan.

Mayo
Rezar por las madres del mundo, especialmente por aquellas que sostienen y nutren.

Junio
Antes de comer, agradecer la tierra, el agua, el sol, los colores, los aromas, los sabores y a quienes hicieron posible cada alimento.

Julio
Ayudar con amor. Preguntarse en casa o en la escuela: “¿En qué puedo ayudar?”, y hacerlo desde el corazón.

Agosto
Acompañar. Sentarse al lado de quien lo necesite, compartir presencia, juego o silencio.

Septiembre
La ayuda silenciosa: una acción sin testigos, un gesto que no busca ser visto.

Octubre
Cinco minutos de escucha real a alguien de casa o de la escuela.

Noviembre
Regalar palabras bonitas a quienes habitan el hogar.

Diciembre
Poner la mesa con conciencia. Ordenar con calma un pequeño espacio —una caja, un librero, la ropa— como si se ordenara el interior del alma. Prepararse, en ese gesto, para el adviento del nuevo ciclo.

Y así, casi sin darnos cuenta, otro año termina.

Uno más entre tantos ciclos que llegan, transforman y continúan su camino.

Que este nuevo año llegue con paz y suavidad.

Que recuerdes que hay amor que te sostiene, te admira y te acompaña.

Que tus anhelos más profundos encuentren forma en lo simple y en la gracia.

Feliz Año Nuevo.

Con amor,
Ainek


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