El otro día pasó algo en casa que me hizo pensar nuevamente en este tema. Ya sabes que, cuándo crees que ya pasaste una etapa, la vida nos recuerda que somos una obra en construcción.
¿Qué es un limite? ¿Para qué sirven? ¿ A quién le sirven? ¿Qué beneficios nos traen en la vida?
Pienso en la imagen de un coche en carretera y los limites de velocidad, ¿Para qué existen? ¿Por qué se pusieron? Por ejemplo: En las curvas se baja la velocidad poco antes de pasar por ellas, los letreros anticipan la curva, tengo entendido que durante el paso de la curva no puedes frenar porque se puede patinar la llanta, y esto podría poner en riesgo la integridad y vida de las personas.
Finalmente el limite de velocidad es claro en un viaje en carretera.
Pero, ¿Lo son en nuestras relaciones? ¿Cómo diferenciar entre un limite y una imposición?
Los limites en nuestras relaciones son como las paredes de una casa, como lo es un suéter en época de frio o nuestra piel con relación al mundo exterior, nos brindan seguridad, protección y contención, no porque andemos con miedo todo el tiempo, si no porque la seguridad y la protección son una necesidad y cualidad básica para la experiencia humana y la vida misma, es muy claro en un recién nacido, en un cachorro, en todo mamífero, necesitamos del calor, necesitamos del abrazo, estar junto a nuestro clan para vivir.
El calor adecuado, la contención adecuada es de sobrevivencia humana, para la gestación y el crecimiento. En la convivencia también lo son, los limites aportan la confianza que se necesita para construir la propia percepción, ¿La confianza genera creatividad? ¿Te has dado cuenta en qué momento te sientes más creativo? ¿Desde la confianza o desde la inseguridad?
Poner limites nunca ha sido fácil hablando de relaciones, pero finalmente todo se basa en nuestros vínculos.
Con respecto a los niños, cuando estamos criando es una de las preguntas más frecuentes y constantes que nos hacemos las mamás y papás ¿Cómo poner limites? ¿Qué son? ¿Para qué sirven? ¿Estoy haciendo lo correcto? A veces es muy fácil confundir un limite con el control, o un limite con desamor, pero los limites necesarios aportan salud y son una expresión de amor.
En un círculo de crianza del cual fui parte aprox. por unos dos años, guiado por una entrañable psicóloga, leímos una parte del libro » Infancia, la edad sagrada» de Evânia Reichert. En una ocasión después de haber practicado movimiento autentico (de este ejercicio les platicare en otro momento), surgió a la superficie un deseo e inquietud de ver crecer a mi hija feliz y con una estima sana, para profundizar en este tema me ayudaron hacerme algunas preguntas.
Comprendí que la mejor manera para que mi hija y todo niño desarrolle su autoestima saludable es a través de vivirlo, como si la autoestima más que enseñarse se lactara, de cierta manera los hijos maman la conciencia de considerarse y tomarse en cuenta en la vida. La conciencia del otro, la conciencia del yo.
En ese entonces mi hija tenia casi cuatro años y este deseo común que tenemos la mayoría de los padres, me movió contundentemente a verme, a revisarme y, continúa recordándome la «congruencia». Y entonces ¿Cómo enseñas la autoestima? ¿Cómo enseñas a ser feliz? ¿Cómo se nutre?
Es una manera de morarnos dentro. Imagen que me encanta, morar nuestra propia casa, morar nuestro cuerpo. Para mi ha sido un viaje de descubrimiento en donde encuentro una estrecha relación entre los limites y la autoestima, por un lado, la convivencia va dando las pautas necesarias, la autodisciplina y el amor.
Todo un camino por andar.
Les dejo aquí la primera parte de este tema tan profundo, confrontador y muchas veces divertido.
Con mi cariño de siempre,
Ainek
22 de mayo 2021
Descubre más desde La danza de la vida
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




