Hace muchos años leí el libro "El abrazo que lleva al amor" de Laura Rincón Gallardo y en este libro la autora comparte un ejercicio muy sencillo y poderoso, se trata de lo siguiente:
«Cuando tu hijo este en un momento difícil, que no haya manera que escuche razones, puedes abrazarlo y decirle con una voz determinante que tiene una mamá fuerte que puede contenerlo«.
Este ejercicio me ha dado, nos ha dado tanto en la crianza. Cuando mi hija tenia entre dos a cuatro años, tuvimos varios episodios de emociones intensas y uno de los recursos que me inspiraron y apoyaron fue el abrazo. Así es, el abrazo que contiene.
Lo que le ayudaba a autorregularse era mi abrazo, acompañado de estas palabras:
«Tienes una mamá fuerte que te sostiene, que te contiene». Poco a poco como por arte de magia se calmaba, y esto lograba conectarnos con el momento presente, con nuestras emociones y con lo importante del momento.
En la primera infancia sobre todo antes de los cinco años los niños viven las emociones en todo su cuerpo, sea tristeza, enojo, etc. por ello muchas veces la expresan físicamente, haciendo rabietas como comúnmente se le conoce y por ello como cuidadores es importante estar siempre presente para acompañarles y que no se lastimen y apoyarles a autorregularse.
Ahora cuando ella necesita un abrazo me lo pide. Esta simple acción nos sigue regulando.
En todos los libros que he leído de psicología, crianza, pedagogía e infancia coinciden en un mismo punto «los niños necesitan limites claros, contención».
Cuando te has sentido desbordada o desbordado ¿Qué es lo que necesitas en ese momento? ¿Necesitas palabras, regaños, castigos, saberte contenida, abrazada, arropado?
Los niños de igual manera necesitan algo simple, poderoso y verdadero. Para ampliar este tema quiero citar y suscribo a Evânia Aster Reichert (escritora y terapeuta psicocorporal de orientación rechiana):
«Es importante que los adultos busquen recursos formativos para comprender cada una de las etapas, pues el niño pequeño aun está increíblemente inacabado en diversos aspectos de su desarrollo. Muchas veces no comprende o no retiene lo que escucha, sencillamente porque las conexiones neuronales de su cerebro aún no están completamente formadas.
Es lamentable – y llega a veces ser cruel -castigar a un pequeño por olvidarse de algo o por hacer algo que los padres no quieren, acusándole de desobediencia o de incapacidad cognitiva o motora, cuando estas capacidades no están completamente formadas. Son varias las formas en que los castigos pueden afectar a su autoestima para el resto de su vida.» Infancia, la edad sagrada. P. 46-47
Cada vez que leo este libro y este pasaje, me mueve muchos sentimientos y puedo tener presente la vulnerabilidad de los niños y todo el camino que nos falta por recorrer como cuidadores.
Ser consiente de esto me ayuda a reivindicar mi mirada hacia los procesos de mi hija. Para mi ha sido fundamental un equilibrio entre informarme y la guía de mi corazón, entre buscar recursos y mi intuición, escuchar su voz y escuchar la mía. Entender sus procesos evolutivos y respetar los míos.
Te dejo aquí el link de los dos libros de los cuales te he estado hablando en este escrito que considero joyas para la crianza :
"El abrazo que lleva al amor"de Laura Rincón Gallardo- «Infancia, la edad sagrada» de Evânia Reichert
Me encantaría recibir sus reflexiones, saber que hacen en los momentos de dificultad y también si esto que les escribo les apoya en su maternidad, paternidad y crianza.
Ainek
4 de septiembre 2021
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