La crianza en pandemia

Autor: Cecilia Chapa Phillips es maestra bilingüe, filósofa, educadora y estudiante incansable.

Mamá de una hija adolescente y una pequeña de 8 años. México.

Los mayores desafíos de los últimos 2 años

Los últimos dos años han traído desafíos que fueron inesperados para todos. Para mi, uno de los desafíos mas grandes ha sido ver el dolor de la pérdida de etapas de desarrollo truncadas debido al confinamiento -me refiero particularmente a los adolescentes-. Una parte crucial de ser adolescente, es el estar con sus iguales, el atreverse a hacer cosas nuevas con otros adolescentes, a descubrir su identidad y propósito, a desafiar a los adultos. Pero, ¿Cómo lograr esto cuando los adolescentes no pudieron estar por casi dos años con otros adolescentes de forma normal y continua? ¿Y cómo es la reunión después de haber estado separados socialmente, cuando la única forma de relacionarse era a través de pantallas por meses y meses de confinamiento? El cerebro del adolescente es tan fascinante como puede llegar a ser frágil. Durante la adolescencia el cerebro tiene un cambio radical que anteriormente atribuíamos a las hormonas. Durante este cambio, naturalmente se desechan o podan millones de sinapsis neuronales que no se han utilizado, con el fin de hacer al cerebro mas especializado y eficiente. Formas de pensar y de procesar desaparecen, al mismo tiempo que se reducen los niveles de dopamina y se aumenta la respuesta a la misma.

Esto también es la causa de que las adicciones comiencen en esta etapa. Las adicciones pueden ser de cualquier tipo, desde adicción a los carbohidratos, hasta las comunes adicciones a las drogas, alcohol, pornografía, etc. Mientras que los problemas de salud pública entre los adolescentes de hace 30 años eran el uso desmesurado de alcohol y drogas, así como tener relaciones sexuales desprotegidas, y el embarazo entre adolescentes, el mayor reto de esta generación, son los problemas mentales. Las adicciones ahora tienen la forma de pantallas. Lamentablemente, el uso de redes sociales en los últimos 15 años ha sido ligado al incremento de riesgo de suicidio particularmente entre chicas adolescentes. Mientras que las estadísticas del Centro de Control de Enfermedades en EEUU (CDC por sus siglas en ingles) muestran que entre 2007 y 2018 el suicidio entre adolescentes incrementó un alarmante 60%, durante la pandemia estas cifras se dispararon 5 veces mas. El fenómeno de las redes es muy complejo. Un medio artificial donde podemos seleccionar la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos al mundo, mientras esperamos respuesta de los demás a nuestras historias. Cada like que recibimos viene acompañado del premio de la secreción de dopamina en nuestro cerebro, lo cual nos hace sentir bien por un momento, a lo que se le atribuye la gran adicción ya bien estudiada por los gigantes de las redes. También ha sido bien estudiado el comportamiento de los distintos grupos según su etapa de desarrollo, sabiendo de antemano que el grupo blanco -que serán consumidores por muchas décadas venideras- son los adolescentes.

Y es que el propósito del adolescente solo existe en conexión con sus iguales, en aventurarse, en descubrirse. Si hablamos de desarrollo, la adolescencia es una etapa de desapego del adulto precisamente para prepararse para la vida adulta. Pero ¿qué pasa cuando no hay oportunidad de separarse de nuestros adultos en un confinamiento, pero tampoco oportunidad del acercamiento que es necesario en el adolescente? Las redes han sido tanto un refugio como una prisión.

Esa “poda” de conexiones en la materia gris del cerebro de la que hablaba anteriormente, se encuentra de pronto ante el vacío que la pandemia mundial conllevó para el adolescente: una total falta de nuevas conexiones -hablo de conexiones sociales en las que como adolescentes nos sentimos incluidos, conectados, con un propósito- que en tiempos de no-pandemia es mas llevadera. ¿Qué queda? Un ambiente virtual donde la inclusión y aceptación es un concurso de número de seguidores y tendencias virales. No podemos dejar de mencionar el cyberbullying y la comparación propia con la imagen irreal que presentan los demás, que en millones de adolescentes parece ¨confirmar¨ la auto-imagen de que ellos no pertenecen, de que los demás son mejores y con vidas felices, lo cual solo ha conllevado a la crisis de salud pública ante la que nos enfrentamos.

Nada puede reemplazar los años perdidos del inicio de la adolescencia. En casa, coincidió con el inicio de una nueva etapa, la secundaria. Dos años después, estamos a unos meses de la graduación de la misma… Yo como mamá he sentido una gran nostalgia por lo que la transición de primaria a secundaria significa, y por sentir que fue una etapa muy importante para mi que mi hija no pudo vivir en plenitud. Ahora tenemos en puerta la prepa, con memorias de mascarillas y pantallas, con la ausencia del saludo de beso entre chicos y chicas, tan común de otras épocas de secundaria, que era un precursor de un acercamiento mas cercano particular de la prepa. Espero, solo espero, que como sociedad volteemos nuestros ojos a nuestros jóvenes post-pandemia y les ayudemos a crear los vínculos sanos y oportunidades sociales, para que se reencuentren cara a cara, con la anhelada vulnerabilidad de la sonrisa sin mascarillas, con los gestos, tonos y lenguaje corporal que es quizás el aprendizaje de mas valor de la secundaria, y la pérdida mas grande que dejó esta pandemia.

Los aspectos positivos

El regalo mas grande que la pandemia nos dio es el tiempo. Tiempo que pasábamos en ir y venir de un lugar a otro, con prisas y tensión por los horarios apretados, con las carreras de las mañanas y los regaños por no estar a tiempo, de pronto lo pudimos usar en reencontrarnos y pasar tiempo de calidad juntos. Ese ritmo mas lento ha sido un gran tesoro. Este tiempo ha servido para reparar, para conectar, para platicar y crear confianza. Como mamá, me ha permitido priorizar, valorar el tiempo con mis hijas, conocerlas mas, disfrutar su presencia en casa. Me di cuenta de todo lo que perdemos al no ser testigos de su proceso de aprendizaje en las escuelas que solo nos reportan los avances y áreas de oportunidad, o simplemente nos invitaban a algún festival a verlos hacer alguna presentación, como actores de escenarios. El estar tan cerquita, me permitió darme cuenta de que finalmente en casa todos somos un reflejo del otro, y que solo al tomar tiempo para mi misma, cuidarme y ser responsable de mis acciones, es como podemos ser un modelo para el otro.

Finalmente he tomado el tiempo de conectar conmigo misma con todo lo que me ha formado, y no dejarme llevar con las listas de pendientes del día y lo cotidiano que puede llegar a ser mas parecido a la supervivencia.  Me he enfocado en lo que me hace única y lo que puedo aportar a la humanidad en esta vida. Me he dado tiempo para agradecer y saborear mas los momentos simples, la cercanía, las estrellas y he observado los ciclos de la luna con mas detenimiento.

Me he dado el tiempo de seguir aprendiendo, viendo hacia dentro de mi y de mi hogar, observando y fortaleciendo los lazos que sé que darán fruto en el futuro. He aprendido a ser gentil conmigo misma, y a tener mas compasión hacia mi misma por los profundos errores cometidos como madre, porque ¿Cómo espero que mis hijas crezcan con autoestima cuando solo ven la dureza con la que me tratara a mi misma? o ¿Cómo voy a enseñar a perdonarse a uno mismo genuinamente, si no tuviera compasión hacia mí? ¿Cómo explicar que los errores quizás no se justifican, pero que si podemos ponerlos en contexto, aprender de ellos a través de una reflexión profunda y cultivar las herramientas que nos hicieron falta en ese momento? Solo lo podemos hacer con el ejemplo, y si es verdad que estoy muy lejos de ser perfecta, si puedo cultivar cada día aquello que me hace estar mas en mi centro, para así poder responder desde el corazón, asegurando a mis preciosas hijas, que son seres maravillosas y únicas y que nunca, nunca estarán solas para enfrentar cualquier reto que les traiga la vida.

Arte y fotografía por Cecilia Chapa Phillips
Los avances

Durante estos dos años han habido muchos. Uno de los mas valiosos es el haber apagado el modo “auto-piloto” del que vivíamos y el habernos detenido a reflexionar. Esta auto-exploración nunca es fácil. Nos enfrenta con nosotros mismos. Como mamá, quizás los sueños que se han pospuesto, o hecho a un lado, o peor aún, olvidado. Viene acompañado de una introspección, quizás una etapa de ensayo donde probamos nuevamente o que si siguen siendo nuestros sueños, y lo que no. Aquí también se “extrae” por así decirlo, la esencia de nuestros sueños ya madurados, con una mejor perspectiva de nosotras mismas, de nuestros talentos y dónde son mas requeridos. Viene además como madres, con un acompañamiento del otro en su propia búsqueda de identidad, de propósito, que sucede quizás paralelamente madre-hijas.

Quizás el avance mas grande ha sido enfrentar aquello de mi que me mantenía poniendo obstáculos para volar y ser plenamente. Al haberme reencontrado, he abierto paso a el diálogo abierto, genuino, honesto, confiado que tengo con mis hijas y que fortalecerá nuestros lazos por siempre. Al hacerlo, también he fortalecido y sanado la fracturada relación con mi propia madre, siendo quizás este el ejemplo mas grande que les he dado y el regalo mas grande para estas 3 generaciones viviendo aún cercanas.

Consejos

Esta sección no intenta ser una receta médica que garantice resultados. Aquí quiero compartir lo que hubiera deseado escuchar y que me ha funcionado. Cada cabeza es un mundo, y como tal te invito a que lo leas y tomes lo que te parezca valioso.

Primero que nada, para mi está el cuidado físico y emocional de uno mismo, el tomar tiempo para ti misma, para hacer las cosas que disfrutas, que te llenan, aunque sea solo unos minutos al día. No podemos cuidar de los demás plenamente cuando no estamos bien con nosotras mismas, porque entonces se llega al resentimiento. Infórmate, lee, aprende, ponte metas y alcánzalas paso a paso con dedicación. No pidas del otro lo que no modeles.

Sé la mejor versión de ti misma cuando tus hijes están en sus peores momentos. Para esto necesitamos auto-regularnos, regular nuestras emociones para poder así poder contenerlos a ellos. Nuestros sistemas nerviosos se conectan entre sí ante el estado anímico de nuestros hijes. Así como puedes reconocer el llorido de tú bebé entre muchos otros, así también estamos diseñados para que nuestro sistema nervioso responda ante la desregulación de nuestros hijes. Te invito, a precisamente responder, y no reaccionar en automático. Esto toma mucha consciencia y presencia de uno mismo, de notar qué es lo que necesito en ese momento para tranquilizarme y así poder contener la desregulación de ellos y ayudarlos a encontrar nuevamente su centro. Esto toma práctica, y para eso te invito nuevamente a leer mi primer consejo.

Les invito a ver el documental The Social Dilemma antes de comprometerse con sus hijes a tener un celular. Si ya lo tienen, entonces siéntense a ver el documental con ellos, que entiendan el conocido daño de las redes sociales, y hagan un compromiso juntos del tiempo y el propósito con el que se usará. Así como tú entras con un propósito a tu dispositivo y rápidamente algo mas llama tu atención y de pronto ya estás inmerso en un mundo de cosas que te han distraído y quizás hasta hecho olvidar por qué entraste en primer lugar, tus hijes con mayor facilidad caen en esta trampa. Recuerda que la mayoría del contenido inapropiado que está al alcance de todos, aparece por accidente en las pantallas y aunque conozcas y confíes en tus hijes, no podemos confiar en el contenido que está al alcance de ellos. Tenemos que aprender juntos a regularnos también con la tecnología, y a humanizarla. Busca recursos positivos para lograrlo.

Una gran práctica es hacer una estación afuera de las recámaras para cargar los dispositivos de toda la familia por la noche y evitar tentaciones. Esto te recordará que la recamara es para descansar y reducirá el mal uso de los dispositivos en la hora que está destinada para descansar. Hagan un esfuerzo por mantener ritmos sanos de dormir, manteniendo conversaciones “pesadas” para el medio día o temprano en la tarde, tomando tiempo para saborear y agradecer las cosas buenas que pasaron en el día, y conectar en una forma positiva antes de ir a dormir.

Y quizás el consejo mas importante que pueda dar, es que te acerques a tus hijes, que platiquen abiertamente, que los escuches y quizás hagas recomendaciones basadas en tus experiencias. También déjales ver tu vulnerabilidad, tus miedos, tus retos y que vean que tú también tuviste dificultades. Que sepan lo importante que son en tu vida, y que sepan que no están solos. No traiciones su confianza juzgándolos, sino que recuerdes que tú tuviste su edad. No tomes personal lo que hacen que te molesta. Si son mas pequeños, una gran forma de conectar con ellos a través del juego permitiendo que ellos establezcan las reglas y dirijan ese momento. Es un momento en el que nos damos cuenta cuánto dirigimos, cuánto juzgamos y que tan poco ellos tienen control. También es un momento para conectar con ellos y con nosotros mismos y juntos crecer y fortalecer nuestra relación.

Escrito por Cecilia Chapa Phillips

Cecilia Chapa Phillips es maestra bilingüe, filósofa, educadora y estudiante incansable, comprometida a construir puentes entre personas de diversas culturas. Por mas de dos décadas ha trabajado como maestra en diversos ámbitos con pueblos indígenas de México y EEUU, escuelas urbanas y rurales a través del grupo sin fines de lucro SocratesCafe.com del que es cofundadora. Es maestra Montessori certificada y maestra de mindfulness por Mindful Schools asi como maestra certificada de psicología del yoga (300hrs). Ha entrenado maestros alrededor del mundo en el método socrático del que es experta. Ha desarrollado un método único para enseñanza que incorpora cuerpo, alma y mente. Para mas información visita:


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