Autora: Caro Ferrer Chinchilla
Soy Caro Ferrer Chinchilla, mujer, humanista, amante de las personas en general, y de algunas más en concreto, mamá de Pau, Jan y Mar, teatrera, amiga, tía de sangre y de piel, gestaltista, catalana y un poquito mexicana.
Proyecto: www.ajustescreativos.com
Sobre los mayores desafíos de los 2 últimos años:
Creo que el mayor desafío ha sido el de ir balanceando entre el miedo y la esperanza sin entregarme por completo al uno, o a la otra. Les he mirado a los ojos, pero no me he dejado invadir. Ahora que echo la vista atrás me da la sensación como si la existencia de ella –esperanza– dependiera totalmente de la de él –miedo–, y a revés.
El otro gran desafío fue el de sostener y sostenerme; por un lado, a mis pacientes y sus procesos personales en pandemia –una situación que era nueva para todes–, por el otro, a mis hijos y familia –la de sangre y la de piel–. Reconozco que, bastante a menudo, coloqué mis necesidades a satisfacer al final de todos los procesos que me rodeaban. Incluso al final del día, arañando esos minutitos que eran sólo para mí, me era difícil, reconocerlas y hacer algo con alguna de ellas. Mi gran desafío fue pues, ponerme al frente. El fantasma de la superwoman, que a muchas mamás en este planeta nos acecha bien seguido, me hizo un super-regalo en esta pandemia: un super-espejo para mandar a la superwoman a super dar una vuelta, si puede ser lejos y por un tiempo largo, super-mejor.
En el trabajo como terapeuta, practico la aceptación positiva incondicional de mis pacientes; sin embargo, uno de los mayores retos en estos tiempos, fue aceptar las decisiones de las otras personas con respecto al cuerpo, la salud y las condiciones “para vernos o encontrarnos”.
Sobre los aspectos positivos:
Sin lugar a dudas mi hija Mar, y el recibimiento y crecimiento de mis hijos Pau y Jan ha sido lo más grande en estos tiempos. Haber podido dar a luz en casa, precisamente para, entre otras cosas, no tener que pisar el hospital, es una bendición y una increíble aventura que nunca olvidaré.
La llegada de esta hija, que por cierto ya es pandemial, fue también la consecuencia más espiritual, física, mental y emocional de una profundización con mi compañero de vida –no mi hombre, no mi esposo, no mi marido–, mi amante quizá, como diría alguna amiga mía, hacia la esencialidad de lo que para nosotres significa ser familia, ser pareja, expandir nuestro amor y las formas distintas que tenemos de explorar, a veces juntes, a veces por separado.
Esto me lleva inevitablemente a hablar de la convivencia, al tener que verme a los ojos con mi compañero y con mis hijos, 24 horas, toda la semana. Hemos tenido que convivir al 100%, sobre todo al principio, lo que me ha hecho darme cuenta de lo importante que es para mí saber que cada quien tiene su espacio, más el espacio familiar. Eso es bien difícil de conseguir, y la convivencia también lo es –bajo las circunstancias que hemos vivido, y eso que no dejo de sentirme una privilegiada–, y a la par me he dado cuenta que con amor –aunque suene muy tópico–, y sin intentar ponerme por encima de la otra persona –pareja, hijes…–, puedes llegar a acuerdos saludables.
El dejar de ir a eventos, actividades, fiestas… nos ha permitido valorar aquello que sí queremos hacer –y hablo en plural porque es algo que hemos aprendido a consensuar en familia, repito, la de sangre y la de piel–; es decir, eventos a los que a lo mejor anteriormente íbamos porque lo sentíamos un poco como una obligación, en estos dos años hemos aprendido a no sentirlo así, o mejor dicho, a poder decir que no, o a no sentir culpa organizando un cumpleaños infantil de a 4, en lugar de invitando a todo el salón.
Fluir con la situación. Dejarme llevar y no preocuparme por el mañana, sino ocuparme en sostener el día mismo.
Darme cuenta de una forma aun más dolorosa, de que muchas otras personas – y sobre todo, muchas criaturas, están en condiciones terriblemente peor que la nuestra–. Y creo que este darme cuenta ha sido mayormente por el trabajo terapéutico que he hecho con las mujeres –que, gracias al habernos tenido que adaptar a las sesiones en línea, he podido conocer otros lugares de la república mexicana y del extranjero– mostrándome, casi salvajemente, su fuerza, su valor y su vulnerabilidad. Aunque físicamente no hemos podido tocarnos, nuestros corazones bien lo han hecho. También me ha ocurrido esto con algunos hombres.
Otra de las cosas que valoro de la pandemia ha sido el confiar en mi instinto y en la vida de mis personas más cercanas –como decía antes, trabajando el miedo, pero también, el cuerpo, la alimentación, los pensamientos…–. Subiendo mis defensas por todas partes.
Me he dado cuenta una vez más que la vida llega a su fin, y en el momento menos esperado. Entonces me ha hecho valorar más el día a día de mis hijos, su crecimiento, su mirada, su sonrisa. Y también el aprovechar cualquier situación para festejar, para compartir, para simplemente estar.
Este tiempo también me ha inspirado e invitado a meterme más en la escuela o el sistema educativo de mis hijes, hacerme presente, valorar lo que puedo aportar a la comunidad y hacerlo. El haber hecho vida más o menos “normal” al cabo de un año de haber iniciado la pandemia, me hizo dar cuenta del poder que tenemos como comunidad, y del cuidado colectivo.
…y sin intentar ponerme por encima de la otra persona –pareja, hijes…–, puedes llegar a acuerdos saludables.
Sobre los avances:
Lo resumiría en estar más en el presente. Y valorar los pequeños –grandes– momentos de la vida.
Consejo para pasar:
Esto también va a pasar. Nos invito – como comunidad, sociedad, familia, individuo…–, a no pensar tanto en el mañana –sé que es muy difícil en el contexto cultural que vivimos, bastante focalizado en producir y en el sueño de la felicidad futura–, y a concentrarnos más en el presente: ¿Qué puedo hacer para vivir hoy?
Caro Ferrer Chinchilla
Facebook e Instagram: @ajustescreativosmx
Fotografía de Caro Ferrer Chinchilla, Copyright 2022
Fotografía por: @lenka.valles, @talialuna, @sofie.de.vroede
Descubre más desde La danza de la vida
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.










Caro, querida. Es tan profunda y sincera tu reflexión que me llena de gozo y de inspiración, eso sucede siempre que puedo estar cerquita de ti. Cada parte que nos compartes, desde los desafíos, hasta el consejo a pasar, lo resalto en mi, y lo guardo. En mi resuena mucho el poder estar aquí contándolo, compartiendo. Agradezco.
Me gustaMe gusta
Felicidades! Tanta ternura y dulzura me remontó a mis emociones de sentirme mamá, y mi confirmación como madre al llegar mi segunda y conformar una familia y hogar de cuatro, aunque no en tiempos de pandemia pero si en tiempo de trabajo fuerte y compromiso social desafiante, porque así lo quería.
Gracias 🙏
Me gustaLe gusta a 1 persona