Relatos – mamá en tiempos de confinamiento

Autora: Diana Gutiérrez, mamá de Almita y Awen, México, Suiza y Francia.

Los mayores desafíos de los últimos 2 años, sobre los aspectos positivos, sobre los avances y consejos para pasar.

Hola soy Diana, para entender un poco nuestra situación, somos una familia binacional, radicando en la frontera de Francia, con Suiza, ambos de mis hijos Awen 9 y Alma 6, nacieron en casa en Tepoztlán, Morelos, México, tenemos 4 años viviendo acá el un pueblito fronterizo llamado Challex de apenas 1400 personas, donde nació la abuela paterna de mis hijos.

Intentaré explicar un poco las restricciones y protocolos que debíamos seguir, en el primer confinamiento (17 marzo 2020- 3 mayó 2021) porque acá no duro tanto tiempo como en México, al principio yo estaba un poco incrédula de lo que estaba pasando, recuerdo que festejábamos el  7mo cumpleaños de nuestro primogénito un domingo, 14 de marzo y ese mismo fin de semana,  recibía un correo de la escuela, se había suspendido a causa del covid-19, afortunadamente pudimos llevar a cabo el festejo con varios niños, amigos y sus abuelitos, sin imaginarnos que en los próximos meses, toda la vida social se restringiría a un mínimo y estaríamos confinados por tanto tiempo.

El gobierno anuncio una serie de restricciones, donde nos pedían una atestación de desplazo, un documento que necesitaríamos llenar para salir a hacer las compras o solo para salir a caminar, solo te podías desplazar máx. a 1km a la redonda y por 1 h; se hizo obligatorio el cubrebocas en todos las tiendas de autoservicios, transportes públicos, en todos lados  y cerraron restaurantes, bares y discotecas, también hubo toque de queda por las noches  no se permitía la salida a nadie a partir de las 9pm y en super mercado solo se podía pasar una sola persona a la vez y no podían entrar los niños. 

Entonces empezamos la escuela en casa, las maestras nos mandaban todas las actividades a seguir desde casa, así que bueno, continúe con las instrucciones de los maestros, nos enviaban las actividades por semana, y el ministerio de educación FR puso un canal en internet a disposición de los niños y papas, que reforzaba lo que estaban aprendiendo, a mí me pareció una buena opción,  mi hijo mayor estaba aprendiendo a leer y escribir y yo hacía lo que podía para ayudarlo, pero yo misma estaba aprendiendo francés, los primeros días fueron de muchos retos porque me era difícil tener que cocinar, recoger, limpiar, lavar la ropa y ocuparme de las tareas indicadas, a mi hija pequeña le dejaban cositas de prescolar, de recortar, pegar, colorear, etc, así que con ella la verdad ni me preocupaba mucho, cambié los muebles de nuestra pequeña estancia y les acomodé 2 mesitas de trabajo a cada uno, con los materiales que cada quien ocuparía, cada quien con algo que hacer, pero a veces era difícil poder atender a los 2 niños al mismo tiempo con necesidades diferentes, pero bueno, empezamos momento a momento, día a día.

Mientras tanto Simón, mi esposo iniciaba su segunda temporada primaveral de siembra, pues era su segundo año como agricultor en una asociación de agricultura orgánica y de proximidad en las afueras de Ginebra Suiza, a unos 20km de nuestra casa, entonces se iba de la casa desde muy temprano y regresaba muy tarde. En los días siguientes anunciaron que se cerraban las fronteras y entonces mi esposo en vez de hacer 20 min a su trabajo cruzando por la frontera de nuestro pueblo, tendría que desplazarse hasta la única frontera abierta en la región, haciéndole un gran desvió para su trabajo, y aparte colas para entrar y salir de hasta 2 horas, y entonces decidió que debería de quedarse a dormir en el lugar de trabajo-producción, pues contaba con una cocina y cuarto equipado para los trabajadores, entonces se iba el lunes y regresaba los jueves,  así pues me vi «sola» con la tarea de mama, papa, maestra, ama de casa etc., aparte de perder mi pequeño trabajo informal, porque era en Suiza y ya no pude cruzar la frontera, solo los cuidados Suizos podían ingresar.

Al principio de la escuela en casa lo lograba bien, aunque con la casa bastante despeinada, trataba de ayudar a mi hijo mayor en lo que tenia previsto para el día, a con la pequeña la verdad que ni me preocupaba tanto, además como que tenia un cuaderno Montessori donde tenia actividades lindas, y le dejaba muy libre hacer lo que quisiera, plastilina, pintar o recortar lo que ella eligiera, o simplemente juego libre, al principio no sabía si realmente seguir las instrucciones de casa quien en su casa y cero contacto con los otros, pero venia mi vecinita de 4 años a tocar la puerta y buscar a mi hijita, y hablé con sus papás sobre lo que pensaban del confinamiento y ellos estuvieron de acuerdo en que dejarían a los niños con su contacto habitual de juego pues solo tenían que cruzar la calle y «jugar» entonces, eso fue un primer respiro, y teníamos una pequeña comunidad de vecinos jugando a partir de mediodía por lo general, hacían algo de tareas por las mañanas y después de la comida de medio día jugaban toda la tarde, venían los niños de enfrente y uno que otro niño que estaba bastante aburrido de nuestra cuadra, pero por lo general creo que los papas trababan de mantener distancia. 

Recuerdo que los primeros días, los papás de mi esposo que son de los que usualmente recibo mucho apoyo y ayuda con los niños vinieron a dejarnos provisiones en la puerta de la casa, teniendo máxima precaución de no acercársenos y con cubre bocas, a mi todo parecía tan raro.

Después de unas semanas mis suegros se relajaron bastante, pues había aun muy pocos contagios en el pueblo, nadie parecía enfermarse, yo preguntaba y eran casos raros de personas que tenían familiares en grandes ciudades,  y mi suegra nos propuso venir 2 días a la semana para  hacer la escuela en casa para mi hijo mayor, estaba con el por las mañanas y avanzaban muy bien, pronto mi hijo aprendió a leer y a escribir gracias a esas clases personales con su abuela, porque antes estaba ya teniendo dificultades para lograrlo, y hasta el día de hoy le va muy bien y es muy aplicado porque creo que le ayudo a aprender el resultado que produce el esfuerzo, ☺️ .

Fotografía de Diana Gutiérrez,-Awen y su abuela

También yo vi las cosas con más calma, y a pesar del trabajo de la casa empecé a relajarme y a disfrutar de tener a los niños conmigo y estar a mi propio ritmo, también hubo sus retos, de que se empezaban a pelear o discutían, pero mi estrategia casi siempre era salirnos de la casa, así que casi todos los días, salíamos (aparte el clima aquí juega un papel importante y esos días primaverales son muy valiosos) entonces salíamos caminar, al bosque, a andar en bici, a caminar por las viñas, a colectar bichos, al rio, hasta descubrimos una cascada en el bosque, nunca nadie me reviso la famosa atestación, yo creo por ser un pueblito alejado, pero la naturaleza fue mi gran aliada, y creo que eso fue una bendición que no toda la gente tuvo, sobre todo en las grandes urbes.

Después para los deberes de la casa ellos me ayudaban un poco, a hacer el desayuno, y con cositas, creo que hay que hacerlos parte de las responsabilidades también. Finalmente se terminó el ciclo escolar en julio y fue raro para ellos no volver a ver a su maestra ni a sus compañeros, pero ¡terminamos!

En ese verano nos fuimos de vacaciones al mediterráneo y en el trayecto las carreteras estaban abarrotadas, nos quedamos en un campamento y era un poco incoherente que, para comprar el pan en la panadería todos con mascaras, pero en la alberca todos podían bañarse juntos, y la playa igual, llena, parecía que el COVID no existía.

En septiembre se renovaron las clases presenciales, con muchas restricciones, pero si había escuela; para poder asistir de nuevo tuvieron un protocolo escolar de distanciamiento de las mesas de trabajo de los niños, dividieron los patios de juego, pusieron la mascarilla obligatoria, no se permitía llevar pasteles de cumpleaños hechos por los papas (tenían que ser comprados) se suspendieron algunas actividaes deportivas, si había un caso de covid se cerraba la clase, se suspendieron los paseos culturales o recreativos.

Lo de la mascarilla me costó mucho aceptar, me parecía inhumano tener que portar la mascarilla por más de 5,6,7 hrs, a un niño de 6 años, usualmente el horario de escuela es de 8:30-11:30 y después o comen en la escuela lo que le llaman «la cantine» o van a su casa a comer, y regresan de 1:20 y salen a las 4:30, ósea que si un niño se queda en la escuela para comer le hace una jornada de 8 hrs! lo cual me sigue pareciendo indebido, me leí los lineamientos de la OMS, y ellos recomiendan la masacra, pero no tiene que ser obligado, eso es algo que me preocupaba mucho, el daño psicológico de estar todo el día con una mascarilla y todos los niños se vieron obligados a portarlas por tantas horas, tanto tiempo; investigue sobre  algunas asociaciones, hasta no mande a mis hijo varios días a la escuela, y en algunas comunas (o municipios) lograron ganar la batalla contra la mascarilla obligatoria, pero aquí no, de nuevo me senti sola e impotente.

Entonces mis hijos comían en casa todos los días para darle a mi hijo un respiro de la mascarilla, era lo mejor que podía hacer, y después invitábamos a un amiguito donde los papás trabajan todo el día y tenían que dejar al niño con la jornada corrida de escuela, así que venía con nosotros 1-2 veces a la semana a comer y jugar. Awen porto la mascarilla por casi todo el ciclo escolar 2021-2022 hasta hace apenas dos meses que las han suprimido. 

En diciembre de 2021 para las vacaciones de navidad la maestra nos confirmó un caso de COVID en la clase de mi hijo y a los pocos días  Awen le dio fiebre y dolor de cabeza, le hicimos la prueba antígeno y efectivamente estaba positivo,  pero en 3 días ya estaba como si nada, a los pocos días yo me empecé a sentir mal, después Simón y al final le hicimos la prueba a la pequeña y también lo tuvo aunque sin síntomas, entonces pues pase por muchas emociones, porque realmente me sentía muy mal, muy débil, me pegó muy fuerte, me enoje con la escuela por no habernos avisado antes, con la maestra, con el covid, (jajaja) con todo mundo, ese si fue un gran reto para mi, estar enferma y ocuparme de los los niños, estuvimos la navidad con covid y con niños que atender, y ¡yo sintiéndome  fatal! 

Para ese entonces ya todo el pueblo estaba contagiándose de covid, todo el mundo estaba o estuvo enfermo, niños, grandes, mucha gente contagiada, después comprendí el porqué de las restricciones, me sentí muy vulnerable con el virus, pero aun así haciendo lo mejor que podíamos, me puso a pensar mucho en como todos estamos expuestos y tenemos que vivir con esto.

Vi un documental de otras pandemias y como lo habían vivido antes, la peste, la gripa aviar, y son enfermedades que aparecen, pero tal vez ¿se aceleraran más con la devastación que estamos haciendo al planeta? no lo se, pero lo que si, es que fue un tiempo de reflexión, de mucha interiorización, confianza en la vida, en el cuerpo humano, (porque para todo esto nunca nos vacunamos) y como nuestro cuerpo se tiene que adaptar a lo que venga, o desistir.

Yo perdí una tía al principio de la pandemia, y así creo que muchos perdieron familiares, espero que eso nos haga mas sensibles, a querer vivir más cerca en la luz y sacar la propia luz y comprender el regalo de la vida que es tan fugaz…

Diana Gutiérrez

Fotografía de Diana Gutiérrez, copyright 2022

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