¿Cuál es mi regalo para el mundo?
Muchas personas celebran Pentecostés. En casi todo el mundo se celebra la noche de san Juan. Ambos aconteceres sucedieron este año en el mes de junio. A raíz de Pentecostés en mi grupo de estudio de antroposofía, que se lleva a cabo cada lunes, nos hicimos la siguiente pregunta: ¿Cuál es mi regalo al mundo?
Por qué esta pregunta: ¿Cuál es mi regalo al mundo? Bien, esta celebración nos invita a reflexionar en nuestras cualidades, aquellas que reconocemos fácilmente. También nos invita a reflexionar sobre aquellas cualidades que están ocultas para nosotros. y que el encuentro con el otro nos ayuda a descubrirlas. Esta celebración reivindica la fuerza de la comunidad.
Esta pregunta es muy poderosa. Cambia la perspectiva de uno mismo. También cambia la del otro y nuestra relación con el mundo y la naturaleza.
Como seres humanos tenemos dos naturalezas: el olvido y la conciencia. Y para lograr más conciencia los ciclos nos ayudan, reincidir en ellos, evoca el reconocimiento.
Pentecostés coloca al centro ¿Quién soy? ¿Para que nací? ¿Cuál es mi regalo al mundo? ¿Qué don y cualidad tengo para dar?
Puede ser que a mis 42 años aun no lo haya descubierto. O quizás sí. Lo que quiero compartirles es que tan solo al hacer esta reflexión me permite interactuar con una actitud más responsable hacia el mundo y la vida. También me vuelve más activa en el tejido social.
Les comparto una técnica de contemplación que me ha servido a lo largo de los años:
Prepara un espacio en dónde te sientas cómoda (o). Siéntate. Cierra los ojos. concéntrate en la respiración. Has la pregunta. Medita en silencio. Puedes observar lo que sucede en tu mente. También puedes escuchar lo que sucede mientras respiras y pasa a tu alrededor.




La respuesta acerca de la pregunta no necesariamente llega en ese momento. De hecho, casi nunca llega enseguida. Sin embargo, es una manera de sembrar suavemente y muy profundo esta pregunta. El alma, el corazón son capaces de responder de una forma y de mil maneras que nutren la respuesta.
Ubicarme con respecto a dar, y no solo que el mundo me dé. Me coloca en un lugar de más abundancia, generosidad, autonomía y soberanía. Poder dar un regalo al mundo, un don al mundo, algo único, hace que cambie la perspectiva. Incluso cambia cómo habito mi cuerpo, mi casa y el mundo.
Incluso en el día cotidiano: llegar a un lugar, a un encuentro, o a una relación. Preguntar ¿Qué se necesita? ¿Qué puedo dar?
Esta dinámica se puede hacer con nuestros hijos en cualquier momento del año. Por ejemplo, ahora que llegó el verano, muchos tienen un poco más de tiempo para compartir.
Podemos preguntarnos ¿Cuál es mi regalo al mundo?
Hablando de regalos les dejo uno que mi hija quiso compartirles, esta canción la aprendió en su escuela.
Que tengan un increíble verano y que disfruten este ejercicio.
Por cierto, ya los extrañaba un montón.
Ainek
Descubre más desde La danza de la vida
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
A mi me parece una extraordinaria reflexión, porque realmente pocas veces me detengo a pensar en esto. Y rara vez he considerado que tengo algo para dar al mundo, pero si reflexiono en esto me doy cuenta que he aportado mas de lo que he imaginado y recobra un significado auténtico tanto mi presencia como la del otro.
Me gustaLe gusta a 1 persona