Para poder llenar tu taza hay que vaciarla primero.
Proverbio chino
Hoy me desperté con la necesidad de vaciar. De hacer espacio. De ordenar por dentro y por fuera.
Había algo en mí que pedía movimiento. Como si también lo interno necesitara aire, silencio y un poco más de claridad.
Mientras comenzaba a mover papeles, recibos y juguetes, recordé una frase que había leído hacía poco: “El vino nuevo en odres vacíos”.
Y casi de inmediato volví a ese antiguo proverbio chino: para poder llenar la taza, primero hay que vaciarla.


Con esa sensación presente, seguí ordenando.
Mientras acomodaba las cosas, apareció también una avalancha de recuerdos y emociones. Casi cada objeto guarda una historia. Y por eso vaciar no es nunca un gesto simple.
Llevo años practicando este vaciar.
Sin embargo, este año ha sido distinto. Más tierno. Más consciente. Más lleno de aprendizaje.
Me he dado tiempo. He encontrado personas muy lindas. Hemos iniciado proyectos juntas. He colaborado, y también han colaborado conmigo. Este año ha sido generoso conmigo.
Y en ese movimiento entre vaciar y hacer espacio, me he encontrado con una gratitud profunda por todo lo que ya está lleno.
He aprendido a reconocer la completud.
También reconozco que las cosas se vacían solas. Limpiar está bien; recoger y ordenar también, pero ya lo he hecho mucho. Las cosas están como están. Las cosas cambian.
Y he comprendido, poco a poco, que gracias a esos espacios vacíos también ha podido entrar lo esencial.
El vacío se ha llenado de amigos y amigas queridas, de niños jugando por todos lados, de dibujos y de alimento anímico.
Así, el vacío y lo lleno siempre van de la mano.

Hoy comparto una pequeña lista de cierre por si alguien desea hacer la suya.
A veces ayuda detenerse y mirar: por meses, por etapas… aprendizajes, fortalezas, valores, preguntas.

Mi lista:
• Me quedo con lo bello de este año.
• He descubierto mucho de mí y del mundo.
• Siento gratitud por las palabras que recibí y por las frases que me acompañaron.
• Reconozco mis momentos de incertidumbre y la manera en que los atravesé.
• Valoro mi trabajo, cada encuentro y todo lo que mi camino me ha permitido compartir.
• Doy la bienvenida a lo nuevo. A las fuerzas del futuro.
• Agradezco las enseñanzas de las personas. Especialmente el volver a escucharme y seguir mi intuición.
• Siento gratitud por todo lo que llegó con este ciclo.
• Y lo cierro con agradecimiento.
Les deseo un feliz año nuevo, lleno de aquello que el corazón ya sabe que busca.
Que este nuevo año llegue con suavidad, verdad y presencia.
Ainek
Descubre más desde La danza de la vida
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.