Queridos míos,
El otoño comienza a despedirse.
El aire cambia. La luz cambia. Los días parecen recogerse lentamente hacia el interior.
Y en medio de esta transición aparece también el agradecimiento.
Hoy es día de Acción de Gracias.
Siempre me ha conmovido este momento del año: agradecer antes de entrar al invierno. Como quien enciende una pequeña llama antes de atravesar el frío.
Cada quien recibe esta temporada de manera distinta.
El frío para algunos.
Las vacaciones para otros.
La familia, el trabajo, los encuentros y también los silencios.
A su manera, la vida nos reúne nuevamente alrededor de lo esencial.
Con la llegada del invierno, no solo cambia el paisaje exterior.
También nuestra vida anímica parece comenzar a recogerse lentamente hacia adentro.
Quizá por eso, desde tiempos antiguos, distintos pueblos y tradiciones han buscado acompañar esta transición encendiendo fuegos, cantando, reuniéndose y agradeciendo.
Como si el ser humano supiera intuitivamente que, cuando la luz disminuye afuera, necesitamos aprender a cultivarla también en el interior.
Hay años en los que agradecer surge de manera sencilla y natural. Y otros en los que agradecer se vuelve una práctica más profunda, casi como ejercitar lentamente el músculo del corazón y también el de la lengua.
Porque incluso las palabras pueden aprender nuevos caminos.
Y aun en esos momentos en los que agradecer parece más difícil, algo cambia cuando hacemos el intento de mirar con gratitud.
Sea cual sea el momento en el que te encuentres, hoy quiero invitarte simplemente a agradecer.
Llevo ya ocho meses con esta aventura de escribir aquí y me siento profundamente agradecida por esta experiencia.
Hace un año, por estas mismas fechas, escribía sobre el invierno, la luz y los días que comienzan a recogerse hacia el interior. Hace unos días encontré esos textos nuevamente y sentí mucho cariño al releerlos.
Hoy, como quien aviva el fuego interior, doy gracias.
Y también te doy las gracias a ti.
Entre esos escritos apareció también este pensamiento: una pequeña oda a la luz y a sus múltiples manifestaciones.
Hoy volvió a mí con mucha fuerza:
No importa que tan oscuro esté
No importa qué tan oscuro esté:
una pequeña chispa de luz puede dar claridad alrededor.
Cuidar el fuego interior para que la luz permanezca.
Siempre me ha conmovido pensar en todos los pueblos y generaciones que, desde distintos tiempos y lugares, se han reunido alrededor del fuego.
Para calentarse.
Para alumbrarse.
Para rezar.
Para acompañarse en la oscuridad.
En la tradición del temazcal, aquí en México, existe quien cuida el fuego y resguarda a las abuelas piedras, como las nombran los sabios de la tradición.
Alguna vez leí también que, en un lugar de África, conservan una antorcha encendida de generación en generación. Día y noche. El mismo fuego desde siempre y, al mismo tiempo, renovado con cada intención.
Pienso entonces que el fuego que enciende un ocote, una vela o un cirio guarda la misma esencia: luz, energía y calor.
Y al contemplarlo, es como si el tiempo se unificara en una misma llama.
Como si la misma luz hubiera acompañado a distintos pueblos, épocas y seres humanos a través del tiempo, manifestándose una y otra vez de distintas formas:
en el fuego,
en las estrellas,
en las piedras,
en los minerales,
en los sueños.
Y en estos últimos tiempos he practicado mirar más las estrellas, mientras canto:
Arriba brillan las estrellas,
abajo brillamos nosotros.
Hay algo profundamente esperanzador en esa canción.
Como si recordara a los niños —y también a nosotros— que incluso en los momentos de mayor oscuridad seguimos habitados por luz.
Y entonces me pregunto:
¿Puedo ver lo sagrado?
¿Puedo percibir la profundidad de este tiempo?
La luz del sol parece más lejana de la Tierra en el hemisferio norte…
y, sin embargo, más brillante en el interior.
La veo.
La siento.
Las estrellas.
La lluvia de estrellas.
Las constelaciones.
Las piedras.
Los cristales.
Las rocas.
La belleza.
Las sales.
La tierra y sus minerales.
Canto a la vida.
Canto a la niñez.
Canto a la naturaleza.
Sueño que sueño.
Sueño que despierto.
Despierto cuando sueño.
Hay sueños tan lúcidos que parecen reales.
Hace poco mi hija me contó un sueño:
Un pájaro petirrojo posaba sobre la mano de un ser al que amamos profundamente. Todo se sentía tan real como cuando tú y yo nos hemos visto y platicado.
Los niños están profundamente conectados con lo sagrado.
En ellos veo lo sagrado en todas partes.
Días de adviento.
Diciembre, 2020
Abrazo cálido,
Ainek
Acción de gracias 2021
Descubre más desde La danza de la vida
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Me encanto todas las formas en que agradeces, me haces sentir muy cerca de ti.
También el trabajo de las tejedoras, muy apreciable y hermoso.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Queridísima Pau, no sabes cuanta alegría me ha dado tu comentario. Aprecio el tiempo y tu tiempo. También te siento cerca. Gracias
Me gustaMe gusta