Cambios

Mírame todas las veces que desees, pero no llegarás a conocerme… ya que desde la última vez que me viste, he cambiado cien veces.

Rumi

Esta fue de las últimas citas que leí de mi suegra. A ella le encantaba la poesía de Rumi. La verdad es que compartíamos ciertos gustos. Coincidíamos en algunas cosas. Esta cita es una de ellas, y cada vez me hace más sentido.

Si me preguntan si he cambiado en estos últimos cien días, la respuesta seria sin duda.

Sin embargo, si bien el cambio es una constante en la vida. Me he dado cuenta de lo mucho que me cuesta aquellos que no comprendo. Me lleva un tiempo. Hace unos días, por ejemplo, estaba trabajando en la página web (la cual estoy aprendiendo a hacer sobre la marcha). Inesperadamente algunos comandos de edición cambiaron de idioma, llevo días intentando arreglarlo y entender qué lo generó. Esto me llevó a pensar en mi relación con el cambio. Todo el tiempo estamos gestionando decisiones. Algunas son más trascendentales que otras.

Recientemente, seres queridos han dejado este mundo. Hace poco, mi tío de parte de mi linaje materno también partió. Este hecho me ha dado tanta tristeza y una profunda nostalgia. Siento esta nostalgia no solo por aquellos que han partido de este mundo. También, por ciertos tiempos y por los amigos que ya no frecuento.

Llega a mi mente la imagen de la flor de jazmín, el aroma de cedro y de la naranja. Dulce y agrio a la vez.

Reconocer que estamos de paso es una verdad. Por un lado, me lleva a agradecer el tiempo en esta tierra. Valorar la biografía propia y la de los demás. Acoger la constante despedida de los seres queridos es necesario. Tanto de aquellos que dejaron este mundo como a la gente entrañable que ya no frecuento.

Sin duda, el cambio es una cualidad humana. Es inherente a la naturaleza. Ayuda a la evolución de la vida.

Cambiamos de parecer, cambiamos de residencia, cambia nuestra piel, cambia nuestra edad, cambian nuestros gustos y necesidades. Y al mismo tiempo como una paradoja, prevalece el Ser, hay una esencia que prevalece, un Yo espiritual. Sobre esto, curiosamente, unos días atrás mi hija me dijo:

-Mamá, cada ser humano tiene su propio aroma. Pero, mamá, no me refiero al del sudor. Me refiero a un aroma que es único. No viene de lo que comes ni transpiras. – Si, le contesté. Un poco desde el asombro e inercia.

Después, cambiamos de tema. Continuamos preparándonos para dormir. Ya acostadas, al terminar de leer el cuento, agradecí su apreciación. Le compartí que también me planteé cómo cada ser humano tiene su propio aroma único. Ciertamente lo dije a modo de metáfora y también textualmente.

Esta esencia divina no cambia y esto compensa tanto movimiento. Conecté con esta fuerza que sostiene al universo entero. La fuerza que mantiene en órbita cada planeta es la misma que me sostiene día con día.

Mientras escribo y soluciono los contratiempos de la página web, voy acomodando esta añoranza. Mi relación con el cambio va transformándose. Acompaño este proceso cantando. Lloro y canto un fado.

En la misma línea del tiempo ¡Ha llegado el verano! Estamos a un día de la noche de San Juan. Se dice que es la noche en que eclosionan todos los seres elementales de la naturaleza.

Está todo a flor de piel: los sentimientos, la alegría, la poesía, la medicina. Este año, a unos días de la luna llena. Los ciclos constantes traen la novedad. Lo fresco, los colores y sonidos. La metamorfosis que permite el presente. Ahora está lleno de tanto que me apasiona. Me apasiona la gente que me rodea y los proyectos en los que estoy colaborando. ¡Madre mía!

Ofrezco hoy un canto para mi gente que ha partido. Los veo desde el corazón, en los sueños y en los recuerdos y, tal vez en un futuro nos reencontremos.

Con esto me despido ¿cómo te relacionas con la añoranza? ¿La puedes expresar de alguna forma con la danza? ¿Con el canto, la escritura, la palabra o el dibujo?

Abrazo cálido,

Ainek

22 / 23 de junio 2021

Milagro. Una historia sobre la vida

La magia de los cuentos.

La niña miró extraña e inusualmente largo por la ventana antes de irse a la cama, como si esperara algo muy importante:

«Abuela, ¿y los milagros?» Todo el mundo dice que los milagros pueden ocurrir el día de Navidad. ¿Cómo es eso?

«¡Wow, esa es una pregunta difícil!».

Mientras se limpiaba los anteojos durante mucho tiempo, mi abuela se quedó en silencio.

«Cariño, no sé de los demás», pero te diré el milagro de lo que me pasó en Navidad. Una vez, cuando era una niña, la noche de Navidad, hice un deseo de ver un milagro.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa? La niña estaba ansiosamente ajustada en su voz.

«Y lo vi, pero sólo después de muchos años». Y me di cuenta de que esto es lo más maravilloso de la Tierra. Y sucedió cuando di a luz a tu madre y la llevé en mis brazos, cuando te vi por primera vez tan pronto como naciste.

«¿Es un milagro?» Eso es lo que todo el mundo hace, dijo la pequeña con disgusto.

Sí, el mayor milagro es la vida. Y verlo continuar es ver un milagro. No hay nada más milagroso que la vida misma. Por eso tenemos que protegerlo, como el mayor milagro.

«¡Así que es maravilloso vivir! La niña lo resumió.» Entonces voy a ir y dibujar algo maravilloso – todos nosotros…

.~Victoria Nazarevich

Nosotras. Verano 2020 .~María Sofía
Todos nosotros. Verano 2020 .~María Sofía. 6 años

Cariños,

Ainek

12 de junio 2021

La importancia de relatar historias y de contar cuentos

Cuando era pequeña disfruté enormemente los relatos. Es una de las vivencias que más me gustaba y que aún recuerdo con una sensación cálida de mi niñez. Mi hermana y yo visitábamos con frecuencia a mi abuela Juana y, después de comer, ella, usualmente nos contaba algunos relatos y anécdotas de su juventud. Fue un verdadero gozo, sobre todo, cuando coincidimos con otras primas en casa de mi abuela. En muchas ocasiones se nos salían las lágrimas de reír tanto. Mi hermana y yo, somos de las nietas más pequeñas del lado de mi linaje materno.

Otro momento que disfrutábamos mucho (escribo en plural, pensando que mi hermana disfrutaba igual que yo, pero, creo que valdrá la pena preguntarle si estoy en lo cierto) fue la hora de ir a dormir, ya que, mi mamá regularmente nos contaba un cuento, en muchas de las ocasiones la historia nos gustaba tanto que le pedimos volviese a contarla una y otra vez, al siguiente día y por varias semanas más. Mientras escribo esto, vuelvo a sentir la calidez de aquellos días.

 Readers in trees por Toni Demuro

Ahora, con el tiempo que he estado estudiando pedagogía, estoy siendo más consciente de la importancia tanto del contar y leer cuentos, así como de relatar historias y anécdotas. Entre el verano y el otoño del 2020 tomé el taller «Los 7 pasos del aprendizaje» con Uta Stolz y Karla Olmedo. En una de las lecciones tocamos el tema de la importancia del relato, sobre todo en momentos tan difíciles como lo fue el año pasado, en donde la educación y la conexión entró en crisis profunda, vimos que, para el niño de temprana edad de los cero a siete años, las historias podrían lograr tocar al otro incluso, aun a la distancia y al mismo tiempo conectar con su propio mundo interior.

¿Por qué es tan importante? ¿Para qué le sirve al niño? Cada vez hay más estudios sobre este tema, pero en lo que a mí me concierne ha sido un medio para transmitirle a mi hija una enseñanza en momentos difíciles. Además, de ser un tiempo de fomentar la escucha, es un momento de conexión con nuestro cuidador sea nuestra madre, abuela, educadora, papá y, ya sabemos que la conexión fortalece el vínculo. También enriquece el vocabulario, además de fomentar el gusto por la lectura.

En muchos de los cuentos de hadas aparecen arquetipos universales, que nos ayudan a entender y a lidiar con emociones que yacen en nuestro interior, además de incentivar la imaginación y la memoria, podría llegar a ser una vivencia profunda del alma. Por eso que, contar un mismo cuento por varios días es una actividad que beneficia al niño en su desarrollo, esto le da la capacidad de profundizar, entender, memorizar y recordar la historia.

Claro está que, el cuento que escogemos depende de la edad del niño y de las necesidades propias de su edad, generalmente con los niños de primer septenio y sobre todo menores de tres años, se sugieren historias con desenlaces felices, historias cortas y simples, adecuadas para lo que estén viviendo y que fomenten la voluntad, ya que a esta edad el niño vive a profundidad las imágenes y se identifica con la misma historia.

Leí que para las edades de entre cuatro y seis años, «Las imágenes de los cuentos deben ser tan grandes en su sencillez, tan verídicas en su mensaje. Que sea una llamada a las regiones profundas del alma, regiones en las que tiene su origen la voluntad.»

Pienso que de los cuentos podemos aprender mucho del mundo y de la vida, y además es bueno saber qué pueden ayudarnos a transmitir a nuestros hijos. Y también, por qué no, aprender un poco más de nosotros mismos.

¿Qué sucede cuando escuchamos una historia?

Desde la antigüedad las distintas culturas de todos los tiempos, de todos los continentes, de todos los países, ciudades, tribus y comunidades sea que hayan estado en la cumbre de una montaña, o a la orilla de un río, han transmitido su sabiduría y conocimiento por medio de relatos y cuentos como lo hicieron, por mencionar algunas: la cultura hindú, persa, egipcio caldeo, griega, romana, anglo germana, la cultura mesoamericana, del camino rojo, de toda América hasta nuestros días y no ha sido casualidad si no que es un canal eficaz que funciona.

La palabra es un medio de comunicación atemporal que ha registrado mucho en el camino, pero ¿Qué sería si no hubiese un receptor? el narrador perdería su sentido. El narrador y el oyente tienen una estrecha relación. Gracias a la tradición oral hemos podido conocer historias que guardan verdades y preservan sabiduría. Enseñanzas de todos los tiempos. Gracias al relato muchos textos que ahora están escritos lograron trascender.

En casa nos encantan las historias de Hanuman y muchas de estas historias nos han dado valentía, también, muchos de los cuentos de hadas de distintas colecciones, como es la de los hermanos Grimm, algunos cuentos antroposóficos con referencias a las celebraciones del año. Y muchos más de autores actuales que al igual nos han dejado huella. Dentro de nuestra rutina en la lectura de vez en vez intercalamos un cuento, otras noches poesía, y/o la repetición de algún verso.

También, en otro momento les contare acerca de mi mamá, la abuela de mi María que disfruta de las artes de hablar y relatar anécdotas y, pues, de vez en cuando le preguntamos de su niñez y juventud, créanme, tiene mucho que contar, escucharla es una experiencia bellísima para nosotros.

Se me ocurre hacer una sección en donde les pueda compartir algunos cuentos con temática distinta.

Hoy les dejo un cuento que cuando se lo leí por primera vez a mi María, me conmovió muchísimo. Aprovechando que recién (el 23 de mayo) ha pasado la celebración de Pentecostés:

Cuento de Pentecostés

Érase una vez un rey que tenía trece hijos, un día los doce mayores partieron a buscar fortuna, pero el decimotercer hijo se quedó en casa. Era demasiado joven para acompañar a sus hermanos.

A lomo de doce hermosos caballos, los doce hermanos se fueron a cabalgar por el ancho mundo. Llegaron a un país que estaba cubierto por todas partes de rocas y cantos, piedras y guijarros. Allí vieron a una anciana que estaba sentada en el suelo, frotándose las rodillas. Pero los doce príncipes estaban tan atareados guiando sus caballos por entre las piedras que no tuvieron tiempo de hablar con la anciana. Siguieron cabalgando y llegaron a un país que estaba cubierto por todas partes de estanques y charcas, pantanos y ciénagas. Allí vieron a una anciana que estaba metida hasta la cintura dentro de un pantano. Pero los príncipes estaban tan atareados guiando sus caballos por entre las aguas que no tuvieron tiempo de hablar con la anciana.

De nuevo siguieron cabalgando, y llegaron a un país donde el viento y el aire soplaban y corrían de tal modo que tuvieron que sujetarse los sombreros y los trajes, y hasta tuvieron que retener a sus caballos para evitar que se volaran. Vieron a una mujer que venía precipitadamente, casi volando, con las faldas por encima de la cabeza y agarrada a un paraguas vuelto del revés. Parecía como si en cualquier momento la anciana fuera a desaparecer en el cielo. Pero los doce príncipes estaban tan atareados guiando sus caballos a través del viento que no tuvieron tiempo de hablar con la anciana.

Siguieron cabalgando llegaron por fin a un castillo. Las paredes se desmoronaban, las piedras tambaleaban, todo el castillo parecía estar sujeto por la hiedra que lo cubría por todas partes y que incluso trepaba por las ventanas. Los hermanos estaban sedientos después de tan largo viaje y fueron a sacar agua del pozo del patio. Pero el pozo estaba seco, y no pudieron sacar ni una gota para apagar la sed. Entraron en el castillo. Estaba muy oscuro a causa de la hiedra que cubría las ventanas, y además estaba húmedo y casi no se podía ni respirar. Intentaron abrir las ventanas, pero estaban roñosas y no se podía mover. El más mayor de todos rompió un cristal, pero la contraventana se cerró de golpe y la obscuridad se hizo aún mayor.

Los príncipes entraron en el salón de los banquetes. Había una larga mesa preparada con comida y bebida, decorada con flores blancas y doradas, y doce velas. Los platos y las copas eran de oro. El rey del Castillo estaba sentado en su trono presidiendo la mesa, y llevaba una corona de oro, pero estaba profundamente dormido. Los príncipes intentaron despertarlo, pero no pudieron. Todo estaba tan oscuro que casi no podían ver ni lo que hacían. Intentaron encender las velas, pero estas tan sólo chispearon un poco más y se apagaron. Entonces se sentaron a comer en la oscuridad, pero antes de que pudieran probar bocado empezaron a adormecerse poco a poco, y cada vez más, hasta que quedaron profundamente dormidos.

Ahora que los doce príncipes no podían volver a casa, el hermano más pequeño acudió a su padre, el rey, y le pidió permiso para ir a buscar a sus hermanos. Al principio el rey no quiso porque no quería separarse del único hijo que le quedaba, pero finalmente le dio permiso.

Llegó a un país que estaba cubierto por todas partes de rocas y cantos piedras y guijarros. Allí vio a una anciana que estaba sentada en el suelo frotándose las rodillas. El joven príncipe detuvo su caballo y preguntó: ¿ puedo ayudarla?

– ¡Ay!- Dijo la anciana- me he caído y me he hecho daño en las rodillas.

El príncipe desmontó de su caballo inmediatamente y Vendo las rodillas de la anciana. La subió al caballo y la llevó a su casa. Entonces la mujer le dio las gracias y dijo:

– Coge este puñado de arcilla. Con él podrás reparar cualquier piedra rota.

El príncipe guardó el bonito regalo cuidadosamente, dijo adiós a la mujer y prosiguió su camino.

Llegó entonces a un país que estaba cubierto por todas partes de estanques y charcas, pantanos y ciénagas. Allí vio a una anciana que estaba metida hasta la cintura en un pantano. El joven príncipe detuvo su caballo y preguntó:

– ¿Puedo ayudarla?

-¡Ay!- Dijo la anciana- me he hundido en esta charca y no puedo salir.

El príncipe desmontó de su caballo inmediatamente y fue chapoteando y saltando de un lado a otro hasta que llegó hasta donde estaba la anciana. La subió sobre sus hombros y cuando la hubo dejado sana y salva, la anciana le dio las gracias y le dijo:

– Toma esta pequeña botella de agua. Con ella podrás apagar mucha sed.

El príncipe guardó cuidadosamente la botella, dijo adiós a la anciana y prosiguió su camino.

Después de mucho viajar llegó a un país donde el viento y el aire soplaba y corrían de tal modo que tuvo que sujetarse el sombrero y el traje, y hasta tuvo que retener a su caballo para evitar que se volaran. Vio a una mujer que venía precipitadamente, casi volando, con las faldas por encima de la cabeza y agarrada a su paraguas vuelto del revés. El joven príncipe detuvo a su caballo y preguntó:

– ¿Puedo ayudarla?

– ¡Ay!- dijo la anciana- No puedo detenerme.

El príncipe corrió tras de ella, antes de que viniera otra ráfaga de viento, la agarró fuertemente y la dejó a cubierto en una torre cercana. Entonces la anciana le dio las gracias y dijo:

-Toma esta pequeña lámpara de aceite. Su luz te permitirá ver donde quiera que estés.

El príncipe guardó el regalo, dijo adiós a la anciana y prosiguió su camino.

Finalmente llegó a un castillo. Las paredes se desmoronaban, las piedras tambaleaban, todo el castillo parecía estar sujeto a la hiedra que lo cubría por todas partes y que incluso trepaba por las ventanas. Entonces se acordó del regalo de la anciana y sacó el puñado de arcilla. Untó un poco sobre la primera piedra inmediatamente quedó reparada. Continuó llenando agujeros con el pedacito de arcilla hasta que todas las piedras del castillo estuvieron fuertes y bonitas.

El príncipe tenía sed y fue al pozo del patio, pero estaba seco. Entonces se acordó del pequeño regalo de la mujer y sacó la botella de agua. Vertió el contenido dentro del pozo e inmediatamente empezó a salir agua y más agua, hasta que el pozo estuvo lleno, y el agua volvió a correr. El príncipe se inclinó, bebió el agua viva y su sed se apagó.

Entonces el príncipe entró en el castillo. Estaba húmedo y casi no se podía ni respirar y además estaba oscuro a causa de la hiedra que cubría las ventanas. Se acordó del regalo de la anciana y sacó la pequeña lámpara de aceite. Esta brilló en el luminoso su camino hasta llegar al salón de los banquetes. Allí encontró a sus doce hermanos sentados alrededor de la mesa, profundamente dormidos como y al rey del Castillo presidiendo la mesa y también profundamente dormido. Intentó despertarlos, pero no pudo; no hubo palabras ni caricias capaz de moverlos. Entonces vio entre los platos y las copas de oro y las flores blancas y doradas, las doce velas. Con la ayuda de la lámpara de aceite el joven príncipe las encendió una a una. Y cuando hubo encendido todas las velas, las ventanas se abrieron y a través de una de ellas entró volando una paloma blanca como la nieve y se posó en el hombro del joven príncipe. Entonces los doce hermanos y el rey se despertaron. Se levantaron para dar la bienvenida al decimotercer príncipe y le dieron las gracias por haberles librado de su encantamiento. Comieron y bebieron todos juntos y los doce príncipes regresaron a casa junto a su padre, y hubo mucha alegría.

Pág. 117 a la 122

Que sepamos usar y valorar la palabra tan efímera y poderosa .

Ainek

2 de junio 2021

Los limites desde el miedo o desde la certeza

El otro día pasó algo en casa que me hizo pensar nuevamente en este tema. Ya sabes que, cuándo crees que ya pasaste una etapa, la vida nos recuerda que somos una obra en construcción.

¿Qué es un limite? ¿Para qué sirven? ¿ A quién le sirven? ¿Qué beneficios nos traen en la vida?

Pienso en la imagen de un coche en carretera y los limites de velocidad, ¿Para qué existen? ¿Por qué se pusieron? Por ejemplo: En las curvas se baja la velocidad poco antes de pasar por ellas, los letreros anticipan la curva, tengo entendido que durante el paso de la curva no puedes frenar porque se puede patinar la llanta, y esto podría poner en riesgo la integridad y vida de las personas.

Foto: Kaique Rocha

Finalmente el limite de velocidad es claro en un viaje en carretera.

Pero, ¿Lo son en nuestras relaciones? ¿Cómo diferenciar entre un limite y una imposición?

Los limites en nuestras relaciones son como las paredes de una casa, como lo es un suéter en época de frio o nuestra piel con relación al mundo exterior, nos brindan seguridad, protección y contención, no porque andemos con miedo todo el tiempo, si no porque la seguridad y la protección son una necesidad y cualidad básica para la experiencia humana y la vida misma, es muy claro en un recién nacido, en un cachorro, en todo mamífero, necesitamos del calor, necesitamos del abrazo, estar junto a nuestro clan para vivir.

El calor adecuado, la contención adecuada es de sobrevivencia humana, para la gestación y el crecimiento. En la convivencia también lo son, los limites aportan la confianza que se necesita para construir la propia percepción, ¿La confianza genera creatividad? ¿Te has dado cuenta en qué momento te sientes más creativo? ¿Desde la confianza o desde la inseguridad?

Poner limites nunca ha sido fácil hablando de relaciones, pero finalmente todo se basa en nuestros vínculos.

Con respecto a los niños, cuando estamos criando es una de las preguntas más frecuentes y constantes que nos hacemos las mamás y papás ¿Cómo poner limites? ¿Qué son? ¿Para qué sirven? ¿Estoy haciendo lo correcto? A veces es muy fácil confundir un limite con el control, o un limite con desamor, pero los limites necesarios aportan salud y son una expresión de amor.

En un círculo de crianza del cual fui parte aprox. por unos dos años, guiado por una entrañable psicóloga, leímos una parte del libro » Infancia, la edad sagrada» de Evânia Reichert. En una ocasión después de haber practicado movimiento autentico (de este ejercicio les platicare en otro momento), surgió a la superficie un deseo e inquietud de ver crecer a mi hija feliz y con una estima sana, para profundizar en este tema me ayudaron hacerme algunas preguntas.

Comprendí que la mejor manera para que mi hija y todo niño desarrolle su autoestima saludable es a través de vivirlo, como si la autoestima más que enseñarse se lactara, de cierta manera los hijos maman la conciencia de considerarse y tomarse en cuenta en la vida. La conciencia del otro, la conciencia del yo.

En ese entonces mi hija tenia casi cuatro años y este deseo común que tenemos la mayoría de los padres, me movió contundentemente a verme, a revisarme y, continúa recordándome la «congruencia». Y entonces ¿Cómo enseñas la autoestima? ¿Cómo enseñas a ser feliz? ¿Cómo se nutre?

Es una manera de morarnos dentro. Imagen que me encanta, morar nuestra propia casa, morar nuestro cuerpo. Para mi ha sido un viaje de descubrimiento en donde encuentro una estrecha relación entre los limites y la autoestima, por un lado, la convivencia va dando las pautas necesarias, la autodisciplina y el amor.

Todo un camino por andar.

Les dejo aquí la primera parte de este tema tan profundo, confrontador y muchas veces divertido.

Con mi cariño de siempre,

Ainek

22 de mayo 2021

Guarda esta flor

Xiqui yehua in xóchitl, xiqui yehua ipan noyólotl, pampa ni mitz tlazotla, pampa ni mitz tlazotla, ica nuchi noyólotl.

Poema en lengua Náhuatl

¿Cómo describes la inmensidad de una madre?

¿Cómo describes la profundidad de su alma?

Los días previos a la celebración del día de las madres (en México se celebra el 10 de mayo). Estuve un tanto apática. Sobre todo, con la organización. No tenía idea de lo que quería hacer. Me sentía saturada en mi trabajo profesional y en mi proceso anímico. Esto a pesar de que me encanta dar lugar a celebrar. Celebrar ésta y las demás celebraciones del año me permite resignificar mi día a día. Esto es especialmente cierto para aquellas que marcan los ritmos de la naturaleza. Las vivo como una eclosión del ser.

Finalmente, llegó el día. Se hizo un plan familiar muy sencillo. Armamos un menú rico. Teníamos muchos huevos y papas. Yayo nunca había hecho una tortilla española (aquí en casa no es común hacerla, ni comerla). Pero la hizo y le quedó deliciosa. La combinamos con una fresca ensalada, quesos y algunos otros platillos. También, hizo un exquisito pay de manzana. Lo que más agradecí fue la dinámica familiar. Normalmente, uno cuando celebra el día de las madres muchas veces termina organizando y haciéndolo todo. En cambio, esta vez fue distinto. Fue un momento de recibir y de consentimiento.

Mi María estuvo participando todo el tiempo: picando, rallando y decorando los platillos.

Desde el año pasado, Yayo ha explorado sus dones culinarios. Me ha sorprendido con su gusto por cocinar. Ya lo invitaré a compartir algunas de sus recetas.

Hay dos cosas que agradezco mucho el día de hoy. La primera es la presencia de Yayo en mi vida. También agradezco la familia que hemos cultivado a lo largo de los años. Por supuesto, la atinada sorpresa de organizar la celebración. La segunda, pasar una tarde haciendo lo que más me gusta: cantar.

Después de comer mi hija y yo, estuvimos cantando. Se nos ocurrió grabar una canción con la intención de dedicársela a todas las madres. Especialmente a mi madre y abuelas. Y he aquí nuestro regalo: Que este poema y canto Náhuatl les deje un calorcito permanente en el interior.


A mi madre

A mis abuelas, a mis bisabuelas, tatarabuelas, a todas mis mujeres antiguas

A todas las madres

A esta tierra madre

Guarda esta flor, guárdala en tu corazón.

Xiquiyehua in Xochitl . Voz: María Sofía Arenas Bustamante y Ainek Bustamante

Xiqui yehua in Xochitl

Xiqui yehua ipan noyólotl

Pampa ni mitz tlazotla

Pampa ni mitz tlazotla

Ica nuchi noyólotl

Guarda esta flor,

Guárdala en tu corazón.

Porque yo te amo,

Porque yo te amo,

Con todo mi corazón.


Mamá, cuando me abrazas siento valentía.

.~María Sofía – 7 años, primavera 2021

Con amor,

Ainek

10 de mayo 2021

Encontrar nuestra propia voz

¿Te ha pasado alguna vez, que te hacen una pregunta? y cuando la respondes, lo que dices, ¿tu receptor no lo recibe? ¿Cómo te sientes con la diferencia de pensamiento?  ¿Te abres al diálogo o te cierras a él? ¿Y luego qué sucede dentro de ti?

Hace años cuando empecé a estudiar música, algunas personas me preguntaban ¿A qué me dedicaba o qué estudiaba? Al darle mi respuesta: estudio música, canto. Reaccionaban de distintas formas con esta corta palabra “música”.

Recibí algunas respuestas un tanto desalentadoras tales como: que bien, pero me refiero ¿A qué te vas a dedicar? Quiero decir ¿De qué vas a vivir? Si, pero ¿Qué carrera estudiaras? Yo, soñadora y joven, hice caso omiso a esos comentarios. Rara vez me afectó el agrio de esas ideas. Solo en momentos estuve a punto de desanimarme.

Por suerte, pude estudiar lo que más emociona a mi alma. Tuve todo el apoyo que necesitaba y, mi familia jugó un papel muy importante. Ha sido un camino apasionante y rico en aprendizajes. No sé si ocurre en otra parte del mundo, pero estudiar música en México es toda una victoria.

Curiosamente me ocurrió una experiencia similar en mis primeros años de maternidad.

En una ocasión, una mujer (mamá, por cierto) me contestó algo similar al respecto con la crianza. Cuando le comenté, –ahora estoy embebida en la maternidad, para mi sorpresa, me dijo: ¡¿Nada más?! y ¡¿Qué más?! Pensé ¿No es suficiente? ¿A qué se refiere? Alguna vez leí: «Para criar a un niño se necesita de toda una tribu».

Cual sea la razón por la que una persona se refiera así, te confronta con esa pregunta. También, con otras cientos que una misma se hace al día, surge la pregunta. ¿Qué te pertenece y qué es del otro?

Poder discernir que es propio y que es ajeno lleva tiempo. Al menos para mí, fue así especialmente en la adolescencia.

Finalmente, por lo común, cada quien se auto percibe con el filtro de sus propios pensamientos. También percibe al otro con su propio estado anímico. Aunque en su mayoría las conversaciones nutren, hay muchas otras que no. También existen aquellas que generan ruido y ambientes hostiles anímicamente. Así que, reconocer que le hace bien a tu ser es un gran punto de partida.

En la música existe una cualidad que se llama tempo. Es un término musical que se refiere a la velocidad y al carácter de la obra. Incluye varias cualidades musicales. ¿Alguna vez te ha pasado que necesitas varias palabras para poder describir algo y aun así no te alcanzan? Pues, tempo, es una de esas palabras. Logra resumir varios elementos. Estos incluyen la expresión de un sentimiento, la velocidad y el ritmo. Este conjunto da carácter o temperamento a la obra musical. Pensar en este término me recuerda tener en cuenta estos elementos en lo social. Reconocer el ritmo propio y el ajeno es importante. Contribuye a que el timbre de nuestra propia voz no se pierda en el ruido. Tampoco se pierde la voz del otro.

Aquí un ejemplo del tempo:

 Allegro moderato, andante, etc.

Inicio de la Sonata K. 331 de Mozart Dale click donde dice Sonata y escucharas la melodía

Me gusta esta analogía entre la música y el ser humano. El tempo de la música en la biografía podría ser lo que llamamos: temperamento.

Encontrar la propia voz en medio de todo y tanto es una práctica de todos los días. Esta tarea requiere voluntad. Eso ya son grandes palabras. Darle la bienvenida cada vez que se abre un claro en el espeso bosque, reconocer su timbre, color, extensión, intensidad.

Conocer la voz del alma es importante. La voz es solo un destello de tu gran ser. Escucharla a pesar de ambientes hostiles o en el silencio profundo puede llegar a ser la mejor decisión.

Tal vez la vida se trate de habitarse, habitar tu propio cuerpo.

¿Qué es suficiente? ¿Qué es bastante?

El vacío

El Tao

El silencio

Pausa

Entonces, vuelvo a la pregunta inicial.

Algunas veces las respuestas no son tan visibles como desearíamos, pero el arte y la poesía nos acercan. El siguiente poema me ha parecido muy cercano a lo que quiero expresar. Aunque se refiere en femenino, es para todos.

Y entonces te das cuenta... que afuera no hay nada que pueda resolver tus dilemas internos. 
Ni juez que decida si estás haciendo o no lo correcto. 
Ni corazón que pueda latir como el tuyo. 
Ni cuerpo que responda al amor como el que contiene tu alma. 
Ni tiempo para esperar el tiempo de otros. 
Ni ganas de vivir de esperanzas prestadas. Entonces te levantas y muy sencillamente, atraviesas tu puerta y entras en tu vida....para hacerte su dueña, decorarla a tu gusto, estallarla de música y vibrar de colores. 
Porque a eso viniste, a habitarte completa, 
sin excusas, sin miedo, sin dilación, ni culpa.             

Del libro: "De ser y de seres. De amor y de amores" 

.~Simone Seija Paseyro

Cariños,

Ainek

4 de mayo 2021

El tiempo

El tiempo.

El tiempo sin tiempo. Unos dicen que no es lineal. Otros lo nombran como ciclos.

Los niños lo identifican como un ritmo, los ciclos, como la noche y el día.

La primavera, el verano, el otoño y el invierno. La cigarra y el grillo.

En México, las jacarandas y la flor de mayo nos anuncian febrero y marzo.

Hace como un año por estas fechas, escribí las siguientes palabras y lo vuelvo a leer y, este sentir me sigue haciendo sentido. Éstas palabras que habitan lo atemporal.

Que lata hondo el corazón
Pase lo que pase siga latiendo 
Corazón de barro
Corazón de maíz, de oro 
Rendirse ante lo verdadero, ahí en el centro 
Inclinado, descansando la mente a la altura del corazón
Dando lo que tiene, dando lo que es 
Un árbol de durazno no dará manzanas 
Soltar la ilusión de control 
Inclino mi mente ante mi corazón 
Corazón de oro, corazón de maíz
Corazón de barro
De tierra roja, negra, amarilla, azul
Corazón de barro 
De maíz, de oro
Caminando 
Dentro muy hondo 
Un árbol de durazno, durazno es.
.~Ainek Mayo 2020

La magia de los cuentos

Mamá, mamá, mira, la lluvia vino a sanar las heridas de los árboles.

.-María Sofía

Pienso que a nosotros también  .

Llegó la pascua 2021 y finalmente sentí que inició el año.

En mi pueblo el domingo 11 de abril empezó un incendio, se dice que ha sido el más fuerte y difícil que ha tenido, deseamos que no vuelva haber ningún otro.

Cuando surgen dificultades ¿de qué manera podemos apoyar? fue impactante la organización civil, la fuerza de la comunidad, el amor manifestado, amor a los cerros, a la fauna, a la flora, una tremenda experiencia llena de enseñanzas.

Se dice que los cuentos son curativos. Mi hija y yo todas estas noches evocábamos el agua, a la lluvia, leímos el cuento «La gotita de lluvia» de Joanna Gray. Desde el punto de vista de arteterapia y la antroposofía los cuentos son curativos, y esta vez me di cuenta que no solo cura a quien lo lee, a quien lo escucha, si no que, también, a quien se lo dedicas y nosotras leímos cada noche pensando en el bosque, así logramos encontrar consuelo.

María Sofia cantó una noche esta canción que surgió de su corazón:

Lluvia, lluvia cae por favor
Lluvia, lluvia cae otra vez
Lluvia, lluvia cae por favor
Lluvia, lluvia cae mucho más



Una plegaria sincera.

Muchos amigos coincidimos con una misma sensación, fuimos escuchados por el cielo, si, llovió y un gran alivio surgió dentro y fuera de nosotros.

Mamá, mamá, mira, la lluvia vino a sanar las heridas de los árboles .

.-María Sofia

La belleza de su mirar me enseña a ver.

A los niños hay que ayudarles a expresar sus emociones, y puedan lidiar con las circunstancias por las que estén pasando, ayudarles a transmutar aquellas sensaciones que no estén logrando digerir, nombrar, por ejemplo : la ansiedad, el miedo, la impotencia, el enojo, por el contrario, cuando logran encausar sus emociones, ellos se sienten útiles, incluso con su canto, consolando a su mascota, a un peluche, a un ser querido, experimentan de una manera tangible la fuerza del servicio.

A través del cuento, una expresión artística como la pintura, dependiendo la edad que tengan, si ya escriben, pueden escribir acerca de lo que sienten. Cantar, inventar una canción describiendo lo que les sucede. El juego es curativo.

Mi María nos hizo de barro

Para el quinto día el incendio ya estaba controlado pero parecía casi imposible que pudieran apagarlo, poco antes de caer la noche tronó el cielo y, finalmente llovió, en casa danzamos de gratitud, yo no recuerdo habernos emocionado tanto por la lluvia como en esta ocasión .

Mamá nuestro canto es mágico, segundos después, no, no, las cigarras son mágicas hoy no pararon de cantar.

.-María Sofia
Me quedo con mucho:
Gratitud
La mirada de mi hija, un alivio siempre.
La danza bajo la lluvia
La fuerza del canto
La fuerza de la plegaria
El trabajo organizado
La gente de este pueblo
Los guardianes de los cerros
El tejido comunitario
La organización civil
Trabajo por hacer
Trabajo por delante





 

Que siempre nos encuentren organizados. Organizados como vecinos, como barrios, colonias, pueblo, como país, como humanidad.

Ainek

19 de abril 2021

Crianza

Siéntate todos los días a escribir o a hacer tu trabajo, en una de esas llegará la musa de la inspiración y te encontrará trabajando.

Anhelo escribir de tantas cosas, de música, de sueños, de experiencias, de percepciones, de la mañana, de poemas, de la crianza, ay, la crianza, veo pasar los años, los días, las horas, y volteo a ver el pasado, y ya pasó un año, y no he escrito prácticamente nada, el abandono ha sucedido.

¿Cómo pueden fluir las palabras?

Estos días de estar en casa, aquí hemos decidido sin externarlo, por unanimidad, que estos dos últimos días haríamos tareas de la casa, ayer, escombramos el librero de María Sofía, sacamos todo, lo hemos limpiado, y al colocar cada cosa, reconocía el tiempo en nosotras, los intereses nuevos, los juguetes que ya no usa.

Hoy como cada jueves desde que empezó la pandemia, me encuentro con unas amigas por videollamada, juntas estudiamos un libro, compartimos nuestros estados anímicos y sentimientos acerca de la lectura. Hoy les compartía mis sensaciones ultimas con respecto a la crianza, un duelo, un sentimiento de dejar crecer, de permitir ser al otro, y de permitirme ser. Esta sensación de cambio que lleva a la salud sincera.

Crece mi cría, mi pequeña ave, mi tierna hija, mi sol y luna, ella crece en colores, en ríos, en naturaleza. Hoy al cenar juntas extrañé sus preguntas legítimas y espontáneas ¿Por qué hablamos mamá? ¿Por qué existe la voz? ¿De dónde venimos? ¿Quién fue el primer humano? ¿De dónde surge el mundo? ¿A dónde vamos cuando morimos? Hace unos 6 meses atrás todavía me decía: Yo no quiero crecer porque no quiero morir. Extraño tanto sus preguntas recurrentes y ocurrentes.

Quisiera que no se de por vencida tan fácil, me encantaría que siga cuestionándose, que busque más, que cultive preguntar, que en esas respuestas encuentre magia, vida, calidez; el tiempo pasa y nosotras no hemos vuelto volar un papalote, tampoco hemos coleccionado flores de verano y con ellas hecho un cuaderno de hierbas, tampoco una corona con flores de verano…. ¡Cuánto nos falta por hacer!

El campo y sus flores

Veo pasar el tiempo y los años en mi, en ella, en mi mamá, mi mamá que cada vez ve menos con sus ojitos, miro como su piel cambia, así como mi hija no quería crecer porque no quería morir, quisiera que mi mamá me dure muchos años más, ¿Qué me hace falta hacer con mi mamá? ¿Jugar?¿Hacer un cuaderno de flores de verano? Bordar y coser ¿De qué llenamos la vida? ¿De qué llenamos los días? Ojalá sea de risas, de palabras cariñosas, silencios y cantos, volver a cantar, aprender canciones amables, de colores y sonidos de todo el mundo, un equipaje lleno de magia, y pócimas para el buen vivir, la manzanilla que calme la inflamación y el malestar de los pensamientos innecesarios, el jazmín para el corazón decepcionado, las rosas para recobrar la certeza, el tomillo para la garganta cerrada, la lavanda para el buen dormir, y así los recuerdos de doña Vicenta, su risa tierna y picara, de mi abuela querida doña Juana con su dulce ver y pensar, mis mujeres antiguas, que brotan en mis sentimientos y me llenan de sentido, estas aguas transparentes que lavan mi interior cada vez que surgen.

La crianza no podría ponerme en mejor lugar tildando siempre entre una pregunta y el corazón, entre la búsqueda y el hoy, entre el presente y la fuerza del futuro, la crianza que me cría también, la crianza que me abraza y endulza y educa, la crianza que es un camino en si mismo.

Estos días me preguntaba acerca de la pasión, ¿Qué me apasiona? Tantas cosas me gustan, coser, diseñar, cantar, dar clases, enseñar, escribir, pero en este mundo y la sociedad nos invita todo el tiempo a ser productivos ¿La pasión y la producción pueden combinarse? Y es cuando dos ideas llegan, tienes que ser muy bueno para dedicarte a ello, sin embargo llega al rescate la idea, siéntate a trabajar en ello y tal vez llegará la musa de la inspiración mientras lo esté haciendo. Hoy me quedo con la última, escribo, cocino, canto, doy clases, trabajo, emprendo, y en el día a día llegará la inspiración, estoy segura, que esa ave blanca azulada estará visitándome cuando menos me lo imagine, seguro que no me daré cuenta, pero me visitará mientras este trabajando y laborando en este mundo. El tiempo pasa, tengo cerca a mi papá, a mi papá que amo tanto.

¿Ustedes de qué llenan sus vidas?

Ainek

9 de abril 2021