Inspiración, respiración

Ha llegado agosto. Estamos a la mitad del verano.

Este año, el amarillo se ha hecho muy presente en mis días. Me ha encantado mirar las flores amarillas que nacen en el campo. Recién cumplí años y flores amarillas me regalaron. El amarillo del sol y el dorado de la miel.

Tal vez por eso he pensado mucho en aquello que da vida, impulso y calor interior.

El tema que abordaré hoy es la inspiración.

¿Alguna vez te has preguntado qué es realmente la inspiración?
¿De dónde viene?
¿De qué material está hecha?

Este escrito ha necesitado reposo. Es un tema que lleva mucho tiempo resonando dentro de mí.

Desde hace siglos, la inspiración ha sido relacionada con la creatividad, el descubrimiento, el asombro y el impulso creador. Gracias a esta fuerza han surgido monumentos, edificios, poemas y cantos.

La palabra inspiración significa: “recibir el aliento”.

En muchas tradiciones antiguas, la inspiración estaba profundamente vinculada con lo divino. Los aspectos rituales ocupaban un lugar importante y el aliento era considerado una manifestación espiritual.

Por ejemplo, el oráculo de Delfos inhalaba vapores sagrados en una caverna dedicada a Apolo antes de pronunciar sus profecías. Otras sibilas también realizaban rituales semejantes antes de hablar.

En La Odisea aparece la idea de que los cantos del poeta eran puestos en su corazón por los dioses.

Dentro de esta visión antigua de la inspiración, Aristóteles planteaba que el poeta era transportado temporalmente hacia un mundo de verdad o comprensión divina. Esa experiencia interior era la que impulsaba la creación.

Se creía que las musas inspiraban el contenido de la obra. La inspiración vinculaba lo bello, lo bueno, la verdad y lo justo.

Y, al mismo tiempo, la etimología de inspirar siempre vuelve al aliento.

Todo parece regresar ahí:

Respirar.
Inhalar.

Pensar la inspiración desde este lugar transforma por completo algo tan cotidiano como respirar.

Por un lado, la respiración nos sostiene vitalmente. Sucede sin que tengamos que pensarla. Es señal de bienestar y salud. Pero, al mismo tiempo, inhalar y exhalar podrían convertirse en una oportunidad para cultivar inspiración en su sentido más profundo.

Entonces algo ordinario se vuelve sagrado.

A veces me pregunto:

¿Qué pasaría si recordáramos más seguido que el aliento también puede ser una puerta hacia la inspiración?

Tal vez experimentaríamos más destellos creativos en la vida cotidiana.

Ahora bien, en el libro Segundo septenio, Rudolf Steiner plantea la inspiración como una facultad superior de cognición. También la describe como una sustancia divina proveniente de una esfera espiritual.

Por un lado, la inspiración puede cultivarse. Por otro, es algo que nos es dado.

Esta paradoja —como tantas otras que sostienen la vida— me da certeza. Despierta preguntas y, sobre todo, alimenta mi curiosidad.

Más allá de las ideas filosóficas o espirituales, hay algo profundamente esperanzador en pensar la inspiración de esta manera.

Me emociona imaginar que esta facultad es accesible para todos.

Confío en que la inspiración es una capacidad cognitiva y creativa profundamente ligada a lo divino. Y, como me gusta lo místico, me gusta pensar que une la tierra con el cielo; que conecta lo intangible con lo tangible.

Es esa fuerza que aparece inesperadamente y nos da la energía necesaria para crear algo que parecía imposible.

Hay un verso que a mi hija y a mí nos gusta recitar antes de dormir:

Acoger lo verdadero y venerar lo noble a través de la ética me parece fundamental, sin importar a qué nos dediquemos.

Cada vez siento más que la inspiración no pertenece únicamente al arte o a lo extraordinario.

También puede vivirse en la manera en que habitamos lo cotidiano.

No es necesario ser poeta, pintor, músico, sacerdotisa, matemática o astrónomo para cultivarla.

¿Pero cómo hacerlo?

Tal vez:
estar atentos,
hacer caso a aquello que aparece,
poner verdadera atención.

Uno de los ejercicios más importantes para preservarla es llevarla a la acción. Que no permanezca únicamente como una sensación hermosa o una buena idea que pronto se diluya en el olvido.

Por eso crear es importante.

Nombrarla.
Escribirla.
Dibujarla.
Convertirla en receta, celebración o canto.

La voluntad ayuda a que la inspiración tome forma.

Cuántos destellos de inspiración han llegado a mi vida y no les he hecho caso. Algunas veces parecían ideas lejanas o exuberantes y terminaron desapareciendo. Pero otras veces, una sola frase me ha sostenido durante días.

Tan solo recordarla me ayuda.

Y cuando logro manifestarla de alguna forma, siento que algo en mí se ordena y se expande.

En esta práctica de intentarlo, imagino un mundo con acciones más humanitarias y con una fragancia más noble.

Tal vez por eso distintas tradiciones han buscado formas de cultivar esa atención interior.

En el yoga antiguo existe una práctica contemplativa que consiste en observar un objeto con tanta atención que surja el asombro.

Aprendí este ejercicio estudiando yoga: la contemplación viva.

Mirar sin juicio hasta que aparezca una percepción auténtica.

Cuéntame:

¿Cuándo has sentido inspiración?
¿Qué haces con ella?
¿Cómo la reconoces?
¿Tienes algún ritual que te conecte con ella?

Me encantará leerte.

Gracias por tu compartir.

Abrazo cálido en este verano de 2021,

Ainek

Cambios

Mírame todas las veces que desees, pero no llegarás a conocerme… ya que desde la última vez que me viste, he cambiado cien veces.

Rumi

Esta fue una de las últimas citas que leí de mi suegra.

A ella le encantaba la poesía de Rumi. La verdad es que compartíamos ciertos gustos y coincidíamos en algunas cosas. Esta cita era una de ellas y, con el tiempo, cada vez me hace más sentido.

Si me preguntaran si he cambiado en estos últimos cien días, respondería que sí, sin duda.

Aunque el cambio es una constante en la vida, también me he dado cuenta de lo mucho que me cuesta aquello que no comprendo. Hay movimientos internos y externos que me llevan tiempo habitar.

Hace unos días, por ejemplo, estaba trabajando en la página web —la cual sigo aprendiendo a hacer sobre la marcha— cuando, inesperadamente, algunos comandos de edición cambiaron de idioma. Llevo días intentando arreglarlo y entender qué lo generó.

Y aunque parezca algo pequeño, esto me hizo pensar profundamente en mi relación con el cambio.

Todo el tiempo estamos gestionando decisiones y atravesando transformaciones. Algunas parecen mínimas y otras modifican por completo el paisaje interior de nuestra vida.

Recientemente, seres queridos han dejado este mundo. Hace poco también partió mi tío del linaje materno. Su muerte me ha traído mucha tristeza y una profunda nostalgia.

Y siento que esa añoranza no aparece solamente por quienes han partido.

También llega por ciertos tiempos.
Por lugares internos.
Por amistades que ya no frecuento.
Por versiones de la vida que ya cambiaron.

Entonces aparecen aromas, imágenes y memorias.

La flor de jazmín.
El cedro.
La naranja.

Dulce y agrio a la vez.

Reconocer que estamos de paso es una verdad difícil y hermosa al mismo tiempo.

Por un lado, me lleva a agradecer el tiempo compartido en esta tierra. A valorar la propia biografía y la de los demás.

Y, al mismo tiempo, siento que la vida constantemente nos pide aprender a despedirnos.

De quienes han dejado este mundo.
Y también de personas entrañables, tiempos y versiones de nosotros mismos que ya no volverán de la misma manera.

Sin duda, el cambio es una cualidad profundamente humana. Es inherente a la naturaleza y participa constantemente en la evolución de la vida.

Cambiamos de parecer.
Cambiamos de residencia.
Cambia nuestra piel.
Nuestra edad.
Nuestros gustos.
Nuestras necesidades.

Y, sin embargo, al mismo tiempo parece existir algo que permanece.

Como una paradoja.

Una esencia que prevalece.

Un Yo espiritual.

Curiosamente, hace unos días mi hija me dijo antes de dormir:

—Mamá, cada ser humano tiene su propio aroma. Pero no me refiero al sudor. Me refiero a un aroma único. Uno que no viene de lo que comes ni de lo que transpiras.

—Sí —le respondí, un poco desde el asombro y la inercia.

Después cambiamos de tema y continuamos preparándonos para dormir.

Pero ya acostadas, al terminar el cuento, le agradecí profundamente su apreciación.

Y le compartí que yo también sentía que cada ser humano posee algo único e irrepetible. Lo dije como metáfora y también literalmente.

Quizás porque, en medio de tanto movimiento, me conmueve profundamente percibir que existe algo que permanece.

Algo esencial.

Y siento que esa continuidad invisible compensa, de algún modo, tanto cambio.

Pienso entonces en la fuerza que sostiene al universo entero.

La misma fuerza que mantiene en órbita a cada planeta es también la que me sostiene día con día.

Mientras escribo, intento solucionar los contratiempos de la página web y atravieso esta nostalgia, siento que mi relación con el cambio también continúa transformándose.

Acompaño este proceso cantando.

Lloro y canto un fado.

Y, en medio de todo esto, ha llegado el verano.

Estamos a un día de la noche de San Juan.

Se dice que es la noche en que eclosionan los seres elementales de la naturaleza.

Siento que en este tiempo todo está a flor de piel:
los sentimientos,
la alegría,
la poesía,
la medicina.

Este año, además, muy cerca de la luna llena.

Los ciclos constantes traen consigo novedad.

Lo fresco.
Los colores.
Los sonidos.
La metamorfosis que permite el presente.

Y pienso que quizás ahí también habita otra forma de sostén:
en el regreso constante de los ciclos,
en el verano que vuelve,
en la luna,
en las estaciones,
en el canto,
en el ritmo vivo de la naturaleza.

Ahora mismo mi presente está lleno de tantas cosas que me apasionan.

Me apasiona la gente que me rodea.
Los proyectos en los que colaboro.
La posibilidad de seguir creando aun en medio de los cambios.

Ofrezco hoy un canto para mi gente que ha partido.

Los veo en el corazón,
en los sueños,
en los recuerdos.

Y quizás, en algún momento, volvamos a encontrarnos.

Pienso entonces que tal vez la añoranza también sea una forma de amor que continúa buscando presencia.

Una manera en que el alma sigue tendiendo puentes hacia aquello que ha sido significativo para nosotros.

Y quizás por eso seguimos cantando,
recordando,
escribiendo,
nombrando.

Buscando maneras de permanecer en vínculo con aquello que amamos.

¿Cómo te relacionas con la añoranza?

¿Puedes expresarla de alguna forma?

¿Con la danza?
¿Con el canto?
¿Con la escritura?
¿Con la palabra?
¿Con el dibujo?

Abrazo cálido,

Ainek

22 / 23 de junio, 2021

Milagro. Una historia sobre la vida

La magia de los cuentos.

La niña miró extraña e inusualmente largo por la ventana antes de irse a la cama, como si esperara algo muy importante:

«Abuela, ¿y los milagros?» Todo el mundo dice que los milagros pueden ocurrir el día de Navidad. ¿Cómo es eso?

«¡Wow, esa es una pregunta difícil!».

Mientras se limpiaba los anteojos durante mucho tiempo, mi abuela se quedó en silencio.

«Cariño, no sé de los demás», pero te diré el milagro de lo que me pasó en Navidad. Una vez, cuando era una niña, la noche de Navidad, hice un deseo de ver un milagro.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa? La niña estaba ansiosamente ajustada en su voz.

«Y lo vi, pero sólo después de muchos años». Y me di cuenta de que esto es lo más maravilloso de la Tierra. Y sucedió cuando di a luz a tu madre y la llevé en mis brazos, cuando te vi por primera vez tan pronto como naciste.

«¿Es un milagro?» Eso es lo que todo el mundo hace, dijo la pequeña con disgusto.

Sí, el mayor milagro es la vida. Y verlo continuar es ver un milagro. No hay nada más milagroso que la vida misma. Por eso tenemos que protegerlo, como el mayor milagro.

«¡Así que es maravilloso vivir! La niña lo resumió.» Entonces voy a ir y dibujar algo maravilloso – todos nosotros…

.~Victoria Nazarevich

Nosotras. Verano 2020 .~María Sofía
Todos nosotros. Verano 2020 .~María Sofía. 6 años

Cariños,

Ainek

12 de junio 2021

La importancia de relatar historias y de contar cuentos

Cuando era pequeña disfruté enormemente los relatos. Es una de las vivencias que más me gustaba y que aún recuerdo con una sensación cálida de mi niñez. Mi hermana y yo visitábamos con frecuencia a mi abuela Juana y, después de comer, ella, usualmente nos contaba algunos relatos y anécdotas de su juventud. Fue un verdadero gozo, sobre todo, cuando coincidimos con otras primas en casa de mi abuela. En muchas ocasiones se nos salían las lágrimas de reír tanto. Mi hermana y yo, somos de las nietas más pequeñas del lado de mi linaje materno.

Otro momento que disfrutábamos mucho (escribo en plural, pensando que mi hermana disfrutaba igual que yo, pero, creo que valdrá la pena preguntarle si estoy en lo cierto) fue la hora de ir a dormir, ya que, mi mamá regularmente nos contaba un cuento, en muchas de las ocasiones la historia nos gustaba tanto que le pedimos volviese a contarla una y otra vez, al siguiente día y por varias semanas más. Mientras escribo esto, vuelvo a sentir la calidez de aquellos días.

 Readers in trees por Toni Demuro

Ahora, con el tiempo que he estado estudiando pedagogía, estoy siendo más consciente de la importancia tanto del contar y leer cuentos, así como de relatar historias y anécdotas. Entre el verano y el otoño del 2020 tomé el taller «Los 7 pasos del aprendizaje» con Uta Stolz y Karla Olmedo. En una de las lecciones tocamos el tema de la importancia del relato, sobre todo en momentos tan difíciles como lo fue el año pasado, en donde la educación y la conexión entró en crisis profunda, vimos que, para el niño de temprana edad de los cero a siete años, las historias podrían lograr tocar al otro incluso, aun a la distancia y al mismo tiempo conectar con su propio mundo interior.

¿Por qué es tan importante? ¿Para qué le sirve al niño? Cada vez hay más estudios sobre este tema, pero en lo que a mí me concierne ha sido un medio para transmitirle a mi hija una enseñanza en momentos difíciles. Además, de ser un tiempo de fomentar la escucha, es un momento de conexión con nuestro cuidador sea nuestra madre, abuela, educadora, papá y, ya sabemos que la conexión fortalece el vínculo. También enriquece el vocabulario, además de fomentar el gusto por la lectura.

En muchos de los cuentos de hadas aparecen arquetipos universales, que nos ayudan a entender y a lidiar con emociones que yacen en nuestro interior, además de incentivar la imaginación y la memoria, podría llegar a ser una vivencia profunda del alma. Por eso que, contar un mismo cuento por varios días es una actividad que beneficia al niño en su desarrollo, esto le da la capacidad de profundizar, entender, memorizar y recordar la historia.

Claro está que, el cuento que escogemos depende de la edad del niño y de las necesidades propias de su edad, generalmente con los niños de primer septenio y sobre todo menores de tres años, se sugieren historias con desenlaces felices, historias cortas y simples, adecuadas para lo que estén viviendo y que fomenten la voluntad, ya que a esta edad el niño vive a profundidad las imágenes y se identifica con la misma historia.

Leí que para las edades de entre cuatro y seis años, «Las imágenes de los cuentos deben ser tan grandes en su sencillez, tan verídicas en su mensaje. Que sea una llamada a las regiones profundas del alma, regiones en las que tiene su origen la voluntad.»

Pienso que de los cuentos podemos aprender mucho del mundo y de la vida, y además es bueno saber qué pueden ayudarnos a transmitir a nuestros hijos. Y también, por qué no, aprender un poco más de nosotros mismos.

¿Qué sucede cuando escuchamos una historia?

Desde la antigüedad las distintas culturas de todos los tiempos, de todos los continentes, de todos los países, ciudades, tribus y comunidades sea que hayan estado en la cumbre de una montaña, o a la orilla de un río, han transmitido su sabiduría y conocimiento por medio de relatos y cuentos como lo hicieron, por mencionar algunas: la cultura hindú, persa, egipcio caldeo, griega, romana, anglo germana, la cultura mesoamericana, del camino rojo, de toda América hasta nuestros días y no ha sido casualidad si no que es un canal eficaz que funciona.

La palabra es un medio de comunicación atemporal que ha registrado mucho en el camino, pero ¿Qué sería si no hubiese un receptor? el narrador perdería su sentido. El narrador y el oyente tienen una estrecha relación. Gracias a la tradición oral hemos podido conocer historias que guardan verdades y preservan sabiduría. Enseñanzas de todos los tiempos. Gracias al relato muchos textos que ahora están escritos lograron trascender.

En casa nos encantan las historias de Hanuman y muchas de estas historias nos han dado valentía, también, muchos de los cuentos de hadas de distintas colecciones, como es la de los hermanos Grimm, algunos cuentos antroposóficos con referencias a las celebraciones del año. Y muchos más de autores actuales que al igual nos han dejado huella. Dentro de nuestra rutina en la lectura de vez en vez intercalamos un cuento, otras noches poesía, y/o la repetición de algún verso.

También, en otro momento les contare acerca de mi mamá, la abuela de mi María que disfruta de las artes de hablar y relatar anécdotas y, pues, de vez en cuando le preguntamos de su niñez y juventud, créanme, tiene mucho que contar, escucharla es una experiencia bellísima para nosotros.

Se me ocurre hacer una sección en donde les pueda compartir algunos cuentos con temática distinta.

Hoy les dejo un cuento que cuando se lo leí por primera vez a mi María, me conmovió muchísimo. Aprovechando que recién (el 23 de mayo) ha pasado la celebración de Pentecostés:

Cuento de Pentecostés

Érase una vez un rey que tenía trece hijos, un día los doce mayores partieron a buscar fortuna, pero el decimotercer hijo se quedó en casa. Era demasiado joven para acompañar a sus hermanos.

A lomo de doce hermosos caballos, los doce hermanos se fueron a cabalgar por el ancho mundo. Llegaron a un país que estaba cubierto por todas partes de rocas y cantos, piedras y guijarros. Allí vieron a una anciana que estaba sentada en el suelo, frotándose las rodillas. Pero los doce príncipes estaban tan atareados guiando sus caballos por entre las piedras que no tuvieron tiempo de hablar con la anciana. Siguieron cabalgando y llegaron a un país que estaba cubierto por todas partes de estanques y charcas, pantanos y ciénagas. Allí vieron a una anciana que estaba metida hasta la cintura dentro de un pantano. Pero los príncipes estaban tan atareados guiando sus caballos por entre las aguas que no tuvieron tiempo de hablar con la anciana.

De nuevo siguieron cabalgando, y llegaron a un país donde el viento y el aire soplaban y corrían de tal modo que tuvieron que sujetarse los sombreros y los trajes, y hasta tuvieron que retener a sus caballos para evitar que se volaran. Vieron a una mujer que venía precipitadamente, casi volando, con las faldas por encima de la cabeza y agarrada a un paraguas vuelto del revés. Parecía como si en cualquier momento la anciana fuera a desaparecer en el cielo. Pero los doce príncipes estaban tan atareados guiando sus caballos a través del viento que no tuvieron tiempo de hablar con la anciana.

Siguieron cabalgando llegaron por fin a un castillo. Las paredes se desmoronaban, las piedras tambaleaban, todo el castillo parecía estar sujeto por la hiedra que lo cubría por todas partes y que incluso trepaba por las ventanas. Los hermanos estaban sedientos después de tan largo viaje y fueron a sacar agua del pozo del patio. Pero el pozo estaba seco, y no pudieron sacar ni una gota para apagar la sed. Entraron en el castillo. Estaba muy oscuro a causa de la hiedra que cubría las ventanas, y además estaba húmedo y casi no se podía ni respirar. Intentaron abrir las ventanas, pero estaban roñosas y no se podía mover. El más mayor de todos rompió un cristal, pero la contraventana se cerró de golpe y la obscuridad se hizo aún mayor.

Los príncipes entraron en el salón de los banquetes. Había una larga mesa preparada con comida y bebida, decorada con flores blancas y doradas, y doce velas. Los platos y las copas eran de oro. El rey del Castillo estaba sentado en su trono presidiendo la mesa, y llevaba una corona de oro, pero estaba profundamente dormido. Los príncipes intentaron despertarlo, pero no pudieron. Todo estaba tan oscuro que casi no podían ver ni lo que hacían. Intentaron encender las velas, pero estas tan sólo chispearon un poco más y se apagaron. Entonces se sentaron a comer en la oscuridad, pero antes de que pudieran probar bocado empezaron a adormecerse poco a poco, y cada vez más, hasta que quedaron profundamente dormidos.

Ahora que los doce príncipes no podían volver a casa, el hermano más pequeño acudió a su padre, el rey, y le pidió permiso para ir a buscar a sus hermanos. Al principio el rey no quiso porque no quería separarse del único hijo que le quedaba, pero finalmente le dio permiso.

Llegó a un país que estaba cubierto por todas partes de rocas y cantos piedras y guijarros. Allí vio a una anciana que estaba sentada en el suelo frotándose las rodillas. El joven príncipe detuvo su caballo y preguntó: ¿ puedo ayudarla?

– ¡Ay!- Dijo la anciana- me he caído y me he hecho daño en las rodillas.

El príncipe desmontó de su caballo inmediatamente y Vendo las rodillas de la anciana. La subió al caballo y la llevó a su casa. Entonces la mujer le dio las gracias y dijo:

– Coge este puñado de arcilla. Con él podrás reparar cualquier piedra rota.

El príncipe guardó el bonito regalo cuidadosamente, dijo adiós a la mujer y prosiguió su camino.

Llegó entonces a un país que estaba cubierto por todas partes de estanques y charcas, pantanos y ciénagas. Allí vio a una anciana que estaba metida hasta la cintura en un pantano. El joven príncipe detuvo su caballo y preguntó:

– ¿Puedo ayudarla?

-¡Ay!- Dijo la anciana- me he hundido en esta charca y no puedo salir.

El príncipe desmontó de su caballo inmediatamente y fue chapoteando y saltando de un lado a otro hasta que llegó hasta donde estaba la anciana. La subió sobre sus hombros y cuando la hubo dejado sana y salva, la anciana le dio las gracias y le dijo:

– Toma esta pequeña botella de agua. Con ella podrás apagar mucha sed.

El príncipe guardó cuidadosamente la botella, dijo adiós a la anciana y prosiguió su camino.

Después de mucho viajar llegó a un país donde el viento y el aire soplaba y corrían de tal modo que tuvo que sujetarse el sombrero y el traje, y hasta tuvo que retener a su caballo para evitar que se volaran. Vio a una mujer que venía precipitadamente, casi volando, con las faldas por encima de la cabeza y agarrada a su paraguas vuelto del revés. El joven príncipe detuvo a su caballo y preguntó:

– ¿Puedo ayudarla?

– ¡Ay!- dijo la anciana- No puedo detenerme.

El príncipe corrió tras de ella, antes de que viniera otra ráfaga de viento, la agarró fuertemente y la dejó a cubierto en una torre cercana. Entonces la anciana le dio las gracias y dijo:

-Toma esta pequeña lámpara de aceite. Su luz te permitirá ver donde quiera que estés.

El príncipe guardó el regalo, dijo adiós a la anciana y prosiguió su camino.

Finalmente llegó a un castillo. Las paredes se desmoronaban, las piedras tambaleaban, todo el castillo parecía estar sujeto a la hiedra que lo cubría por todas partes y que incluso trepaba por las ventanas. Entonces se acordó del regalo de la anciana y sacó el puñado de arcilla. Untó un poco sobre la primera piedra inmediatamente quedó reparada. Continuó llenando agujeros con el pedacito de arcilla hasta que todas las piedras del castillo estuvieron fuertes y bonitas.

El príncipe tenía sed y fue al pozo del patio, pero estaba seco. Entonces se acordó del pequeño regalo de la mujer y sacó la botella de agua. Vertió el contenido dentro del pozo e inmediatamente empezó a salir agua y más agua, hasta que el pozo estuvo lleno, y el agua volvió a correr. El príncipe se inclinó, bebió el agua viva y su sed se apagó.

Entonces el príncipe entró en el castillo. Estaba húmedo y casi no se podía ni respirar y además estaba oscuro a causa de la hiedra que cubría las ventanas. Se acordó del regalo de la anciana y sacó la pequeña lámpara de aceite. Esta brilló en el luminoso su camino hasta llegar al salón de los banquetes. Allí encontró a sus doce hermanos sentados alrededor de la mesa, profundamente dormidos como y al rey del Castillo presidiendo la mesa y también profundamente dormido. Intentó despertarlos, pero no pudo; no hubo palabras ni caricias capaz de moverlos. Entonces vio entre los platos y las copas de oro y las flores blancas y doradas, las doce velas. Con la ayuda de la lámpara de aceite el joven príncipe las encendió una a una. Y cuando hubo encendido todas las velas, las ventanas se abrieron y a través de una de ellas entró volando una paloma blanca como la nieve y se posó en el hombro del joven príncipe. Entonces los doce hermanos y el rey se despertaron. Se levantaron para dar la bienvenida al decimotercer príncipe y le dieron las gracias por haberles librado de su encantamiento. Comieron y bebieron todos juntos y los doce príncipes regresaron a casa junto a su padre, y hubo mucha alegría.

Pág. 117 a la 122

Que sepamos usar y valorar la palabra tan efímera y poderosa .

Ainek

2 de junio 2021

Los limites desde el miedo o desde la certeza

El otro día pasó algo en casa que me hizo pensar nuevamente en este tema. Ya sabes que, cuándo crees que ya pasaste una etapa, la vida nos recuerda que somos una obra en construcción.

¿Qué es un limite? ¿Para qué sirven? ¿ A quién le sirven? ¿Qué beneficios nos traen en la vida?

Pienso en la imagen de un coche en carretera y los limites de velocidad, ¿Para qué existen? ¿Por qué se pusieron? Por ejemplo: En las curvas se baja la velocidad poco antes de pasar por ellas, los letreros anticipan la curva, tengo entendido que durante el paso de la curva no puedes frenar porque se puede patinar la llanta, y esto podría poner en riesgo la integridad y vida de las personas.

Foto: Kaique Rocha

Finalmente el limite de velocidad es claro en un viaje en carretera.

Pero, ¿Lo son en nuestras relaciones? ¿Cómo diferenciar entre un limite y una imposición?

Los limites en nuestras relaciones son como las paredes de una casa, como lo es un suéter en época de frio o nuestra piel con relación al mundo exterior, nos brindan seguridad, protección y contención, no porque andemos con miedo todo el tiempo, si no porque la seguridad y la protección son una necesidad y cualidad básica para la experiencia humana y la vida misma, es muy claro en un recién nacido, en un cachorro, en todo mamífero, necesitamos del calor, necesitamos del abrazo, estar junto a nuestro clan para vivir.

El calor adecuado, la contención adecuada es de sobrevivencia humana, para la gestación y el crecimiento. En la convivencia también lo son, los limites aportan la confianza que se necesita para construir la propia percepción, ¿La confianza genera creatividad? ¿Te has dado cuenta en qué momento te sientes más creativo? ¿Desde la confianza o desde la inseguridad?

Poner limites nunca ha sido fácil hablando de relaciones, pero finalmente todo se basa en nuestros vínculos.

Con respecto a los niños, cuando estamos criando es una de las preguntas más frecuentes y constantes que nos hacemos las mamás y papás ¿Cómo poner limites? ¿Qué son? ¿Para qué sirven? ¿Estoy haciendo lo correcto? A veces es muy fácil confundir un limite con el control, o un limite con desamor, pero los limites necesarios aportan salud y son una expresión de amor.

En un círculo de crianza del cual fui parte aprox. por unos dos años, guiado por una entrañable psicóloga, leímos una parte del libro » Infancia, la edad sagrada» de Evânia Reichert. En una ocasión después de haber practicado movimiento autentico (de este ejercicio les platicare en otro momento), surgió a la superficie un deseo e inquietud de ver crecer a mi hija feliz y con una estima sana, para profundizar en este tema me ayudaron hacerme algunas preguntas.

Comprendí que la mejor manera para que mi hija y todo niño desarrolle su autoestima saludable es a través de vivirlo, como si la autoestima más que enseñarse se lactara, de cierta manera los hijos maman la conciencia de considerarse y tomarse en cuenta en la vida. La conciencia del otro, la conciencia del yo.

En ese entonces mi hija tenia casi cuatro años y este deseo común que tenemos la mayoría de los padres, me movió contundentemente a verme, a revisarme y, continúa recordándome la «congruencia». Y entonces ¿Cómo enseñas la autoestima? ¿Cómo enseñas a ser feliz? ¿Cómo se nutre?

Es una manera de morarnos dentro. Imagen que me encanta, morar nuestra propia casa, morar nuestro cuerpo. Para mi ha sido un viaje de descubrimiento en donde encuentro una estrecha relación entre los limites y la autoestima, por un lado, la convivencia va dando las pautas necesarias, la autodisciplina y el amor.

Todo un camino por andar.

Les dejo aquí la primera parte de este tema tan profundo, confrontador y muchas veces divertido.

Con mi cariño de siempre,

Ainek

22 de mayo 2021

Guarda esta flor

Xiqui yehua in xóchitl, xiqui yehua ipan noyólotl, pampa ni mitz tlazotla, pampa ni mitz tlazotla, ica nuchi noyólotl.

Poema en lengua Náhuatl

¿Cómo describes la inmensidad de una madre?

¿Cómo describes la profundidad de su alma?

Los días previos a la celebración del Día de las Madres —que en México celebramos el 10 de mayo— estuve un tanto apática. Sobre todo, con la organización. No tenía idea de lo que quería hacer.

Me sentía saturada entre el trabajo profesional y mi propio proceso anímico. Y eso me sorprendía, porque en realidad me encanta dar lugar a celebrar.

Celebrar ésta y otras festividades del año me permite resignificar la vida cotidiana. Especialmente aquellas celebraciones que marcan los ritmos de la naturaleza. Las vivo como una especie de eclosión del ser.

Finalmente llegó el día.

Se hizo un plan familiar muy sencillo. Armamos un menú rico con lo que ya teníamos en casa: muchos huevos y papas.

Yayo nunca había preparado una tortilla española. De hecho, aquí no es común hacerla ni comerla. Pero se animó a cocinarla y le quedó deliciosa.

La acompañamos con una ensalada fresca, quesos y algunos otros platillos. También preparó un exquisito pay de manzana.

Pero, más allá de la comida, lo que más agradecí fue la dinámica familiar que se generó alrededor de ella.

Muchas veces, cuando llega el Día de las Madres, una termina organizando, resolviendo y sosteniéndolo todo. En cambio, esta vez fue distinto.

Fue un día de recibir.

De consentimiento.

De sentirme cuidada.

Mi María participó todo el tiempo: picando, rallando y decorando los platillos.

Desde el año pasado, Yayo ha explorado mucho más sus dones culinarios y me ha sorprendido profundamente su gusto por cocinar. Ya lo invitaré algún día a compartir algunas de sus recetas.

Hay dos cosas que agradezco especialmente al recordar este día.

La primera es la presencia de Yayo en mi vida y la familia que somos. También agradezco la amorosa sorpresa de organizar esta celebración.

Y quizá fue justamente esa sensación de cuidado, presencia y amor compartido la que abrió espacio para lo que vino después.

La tarde comenzó a hacerse más silenciosa, más cálida, más contemplativa. Y, casi naturalmente, apareció aquello que más nutre mi corazón: el canto.

Después de comer, mi hija y yo comenzamos a cantar juntas. Y, sin darnos mucha cuenta, surgió la idea de grabar una canción para dedicarla a todas las madres.

Mientras cantábamos, sentí muy presentes a todas las mujeres que nos habitan y nos anteceden.

He aquí nuestro regalo:

Que este poema y canto náhuatl les deje un calorcito permanente en el interior.

Guarda esta flor.
Guárdala en tu corazón.

Xiquiyehua in Xochitl . Voz: María Sofía Arenas Bustamante y Ainek Bustamante

Xiqui yehua in Xochitl

Xiqui yehua ipan noyólotl

Pampa ni mitz tlazotla

Pampa ni mitz tlazotla

Ica nuchi noyólotl

Guarda esta flor,

Guárdala en tu corazón.

Porque yo te amo,

Porque yo te amo,

Con todo mi corazón.


Mamá, cuando me abrazas siento valentía.

.~María Sofía – 7 años, primavera 2021

Y me despido con el corazón agradecido.

Abrazo cálido,

10 de mayo 2021

Encontrar nuestra propia voz

Muchas veces esas experiencias aparentemente pequeñas dejan una huella más profunda de la que imaginamos.

Hace años, cuando empecé a estudiar música, algunas personas me preguntaban a qué me dedicaba o qué estudiaba. Cuando respondía: “estudio música, canto”, esa sola palabra —música— despertaba distintas reacciones.

Recibí respuestas un tanto desalentadoras, como:

—Qué bien, pero ¿a qué te vas a dedicar realmente?
—¿De qué vas a vivir?
—Sí, pero ¿qué carrera vas a estudiar?

Yo, soñadora y joven, hice caso omiso a muchos de esos comentarios. Rara vez me afectó el agrio de esas ideas, aunque hubo momentos en los que estuve a punto de desanimarme.

Por suerte, pude estudiar aquello que más emociona a mi alma. Tuve el apoyo que necesitaba y mi familia jugó un papel muy importante. Ha sido un camino apasionante y lleno de aprendizajes.

No sé si esto ocurre en otras partes del mundo, pero estudiar música en México puede sentirse como una pequeña victoria.

Con el tiempo comprendí que esa sensación no aparecía únicamente en relación con la música.

Curiosamente, algo similar me ocurrió en mis primeros años de maternidad.

En una ocasión, una mujer —mamá también— me respondió algo parecido cuando le compartí:

—Ahora estoy embebida en la maternidad.

Para mi sorpresa, contestó:

—¿Nada más?
—¿Y qué más haces?

Recuerdo haber pensado:

¿No es suficiente?
¿A qué se refiere?

Alguna vez leí:
“Para criar a un niño se necesita toda una tribu”.

Y aun así, pareciera que muchas veces la crianza profunda queda invisible ante los ojos del mundo.

Sea cual sea la razón por la que alguien se expresa de esta manera, esas palabras inevitablemente confrontan. Despiertan preguntas. Y, junto con ellas, aparecen otras cientos que una misma se hace a diario:

¿Qué me pertenece realmente?
¿Qué es mío y qué pertenece al otro?

Discernir entre lo propio y lo ajeno lleva tiempo. Al menos para mí ha sido así, especialmente desde la adolescencia.

Con el tiempo he comprendido que cada persona percibe el mundo a través del filtro de sus propios pensamientos y de su propio estado anímico. Hay conversaciones que nutren profundamente, pero también existen otras que generan ruido y ambientes hostiles para el alma.

Por eso, reconocer qué le hace bien a nuestro ser puede convertirse en un gran punto de partida.

Tal vez por eso encuentro tantas respuestas sobre la vida dentro de la música.

En la música existe una cualidad llamada tempo. Es un término musical que se refiere a la velocidad y al carácter de una obra. Pero también abarca algo más amplio: el ritmo, la intención, la expresión emocional y el temperamento.

Hay palabras que intentan contener universos enteros. Tempo es una de ellas.

Pensar en este término me recuerda la importancia de reconocer el ritmo propio y el ajeno también en la vida cotidiana.

Tal vez así el timbre de nuestra voz no se pierde entre el ruido. Y tampoco desaparece la voz del otro.

Allegro moderato.
Andante.
Adagio.

Inicio de la Sonata K. 331 de Mozart Dale click donde dice Sonata y escucharas la melodía

Me gusta esta analogía entre la música y el ser humano.

Quizá el tempo de nuestra biografía sea aquello que llamamos temperamento.

Reconocer el propio ritmo también puede ayudarnos a no perder nuestra voz.

Encontrar la propia voz en medio de tanto movimiento es una práctica diaria. Requiere voluntad. Y eso ya son palabras mayores.

Dar la bienvenida a la propia voz cada vez que aparece un claro en medio del bosque. Reconocer su timbre, su color, su intensidad y su extensión.

Conocer la voz del alma es importante.

La voz es apenas un destello de nuestro gran ser.

Escucharla —aun en medio de ambientes hostiles o del silencio profundo— puede llegar a ser una de las decisiones más importantes de la vida.

Tal vez la vida se trate precisamente de eso:

de habitarse.
De habitar el propio cuerpo.

¿Qué es suficiente?
¿Qué es bastante?

El vacío.

El Tao.

El silencio.

Pausa.

Entonces vuelvo a la pregunta inicial.

Algunas respuestas no son tan visibles como desearíamos. Pero el arte y la poesía tienen la capacidad de acercarnos a ellas.

A veces la poesía logra nombrar aquello que apenas intuimos interiormente.

El siguiente poema me acompañó mucho mientras escribía este texto. Aunque está escrito en femenino, siento que pertenece a todos.

Y entonces te das cuenta... que afuera no hay nada que pueda resolver tus dilemas internos. 
Ni juez que decida si estás haciendo o no lo correcto. 
Ni corazón que pueda latir como el tuyo. 
Ni cuerpo que responda al amor como el que contiene tu alma. 
Ni tiempo para esperar el tiempo de otros. 
Ni ganas de vivir de esperanzas prestadas. Entonces te levantas y muy sencillamente, atraviesas tu puerta y entras en tu vida....para hacerte su dueña, decorarla a tu gusto, estallarla de música y vibrar de colores. 
Porque a eso viniste, a habitarte completa, 
sin excusas, sin miedo, sin dilación, ni culpa.             

Del libro: "De ser y de seres. De amor y de amores" 

.~Simone Seija Paseyro

Cariños,

Ainek

4 de mayo, 2021

El tiempo

El tiempo.

El tiempo sin tiempo. Unos dicen que no es lineal. Otros lo nombran como ciclos.

Los niños lo identifican como un ritmo, los ciclos, como la noche y el día.

La primavera, el verano, el otoño y el invierno. La cigarra y el grillo.

En México, las jacarandas y la flor de mayo nos anuncian febrero y marzo.

Hace como un año por estas fechas, escribí las siguientes palabras y lo vuelvo a leer y, este sentir me sigue haciendo sentido. Éstas palabras que habitan lo atemporal.

Que lata hondo el corazón
Pase lo que pase siga latiendo 
Corazón de barro
Corazón de maíz, de oro 
Rendirse ante lo verdadero, ahí en el centro 
Inclinado, descansando la mente a la altura del corazón
Dando lo que tiene, dando lo que es 
Un árbol de durazno no dará manzanas 
Soltar la ilusión de control 
Inclino mi mente ante mi corazón 
Corazón de oro, corazón de maíz
Corazón de barro
De tierra roja, negra, amarilla, azul
Corazón de barro 
De maíz, de oro
Caminando 
Dentro muy hondo 
Un árbol de durazno, durazno es.
.~Ainek Mayo 2020

La magia de los cuentos

Mamá, mamá, mira, la lluvia vino a sanar las heridas de los árboles.

.-María Sofía

Pienso que a nosotros también  .

Llegó la pascua 2021 y finalmente sentí que inició el año.

En mi pueblo el domingo 11 de abril empezó un incendio, se dice que ha sido el más fuerte y difícil que ha tenido, deseamos que no vuelva haber ningún otro.

Cuando surgen dificultades ¿de qué manera podemos apoyar? fue impactante la organización civil, la fuerza de la comunidad, el amor manifestado, amor a los cerros, a la fauna, a la flora, una tremenda experiencia llena de enseñanzas.

Se dice que los cuentos son curativos. Mi hija y yo todas estas noches evocábamos el agua, a la lluvia, leímos el cuento «La gotita de lluvia» de Joanna Gray. Desde el punto de vista de arteterapia y la antroposofía los cuentos son curativos, y esta vez me di cuenta que no solo cura a quien lo lee, a quien lo escucha, si no que, también, a quien se lo dedicas y nosotras leímos cada noche pensando en el bosque, así logramos encontrar consuelo.

María Sofia cantó una noche esta canción que surgió de su corazón:

Lluvia, lluvia cae por favor
Lluvia, lluvia cae otra vez
Lluvia, lluvia cae por favor
Lluvia, lluvia cae mucho más



Una plegaria sincera.

Muchos amigos coincidimos con una misma sensación, fuimos escuchados por el cielo, si, llovió y un gran alivio surgió dentro y fuera de nosotros.

Mamá, mamá, mira, la lluvia vino a sanar las heridas de los árboles .

.-María Sofia

La belleza de su mirar me enseña a ver.

A los niños hay que ayudarles a expresar sus emociones, y puedan lidiar con las circunstancias por las que estén pasando, ayudarles a transmutar aquellas sensaciones que no estén logrando digerir, nombrar, por ejemplo : la ansiedad, el miedo, la impotencia, el enojo, por el contrario, cuando logran encausar sus emociones, ellos se sienten útiles, incluso con su canto, consolando a su mascota, a un peluche, a un ser querido, experimentan de una manera tangible la fuerza del servicio.

A través del cuento, una expresión artística como la pintura, dependiendo la edad que tengan, si ya escriben, pueden escribir acerca de lo que sienten. Cantar, inventar una canción describiendo lo que les sucede. El juego es curativo.

Mi María nos hizo de barro

Para el quinto día el incendio ya estaba controlado pero parecía casi imposible que pudieran apagarlo, poco antes de caer la noche tronó el cielo y, finalmente llovió, en casa danzamos de gratitud, yo no recuerdo habernos emocionado tanto por la lluvia como en esta ocasión .

Mamá nuestro canto es mágico, segundos después, no, no, las cigarras son mágicas hoy no pararon de cantar.

.-María Sofia
Me quedo con mucho:
Gratitud
La mirada de mi hija, un alivio siempre.
La danza bajo la lluvia
La fuerza del canto
La fuerza de la plegaria
El trabajo organizado
La gente de este pueblo
Los guardianes de los cerros
El tejido comunitario
La organización civil
Trabajo por hacer
Trabajo por delante





 

Que siempre nos encuentren organizados. Organizados como vecinos, como barrios, colonias, pueblo, como país, como humanidad.

Ainek

19 de abril 2021

Crianza

Siéntate todos los días a escribir o a hacer tu trabajo, en una de esas llegará la musa de la inspiración y te encontrará trabajando.

Anhelo escribir de tantas cosas, de música, de sueños, de experiencias, de percepciones, de la mañana, de poemas, de la crianza, ay, la crianza, veo pasar los años, los días, las horas, y volteo a ver el pasado, y ya pasó un año, y no he escrito prácticamente nada, el abandono ha sucedido.

¿Cómo pueden fluir las palabras?

Estos días de estar en casa, aquí hemos decidido sin externarlo, por unanimidad, que estos dos últimos días haríamos tareas de la casa, ayer, escombramos el librero de María Sofía, sacamos todo, lo hemos limpiado, y al colocar cada cosa, reconocía el tiempo en nosotras, los intereses nuevos, los juguetes que ya no usa.

Hoy como cada jueves desde que empezó la pandemia, me encuentro con unas amigas por videollamada, juntas estudiamos un libro, compartimos nuestros estados anímicos y sentimientos acerca de la lectura. Hoy les compartía mis sensaciones ultimas con respecto a la crianza, un duelo, un sentimiento de dejar crecer, de permitir ser al otro, y de permitirme ser. Esta sensación de cambio que lleva a la salud sincera.

Crece mi cría, mi pequeña ave, mi tierna hija, mi sol y luna, ella crece en colores, en ríos, en naturaleza. Hoy al cenar juntas extrañé sus preguntas legítimas y espontáneas ¿Por qué hablamos mamá? ¿Por qué existe la voz? ¿De dónde venimos? ¿Quién fue el primer humano? ¿De dónde surge el mundo? ¿A dónde vamos cuando morimos? Hace unos 6 meses atrás todavía me decía: Yo no quiero crecer porque no quiero morir. Extraño tanto sus preguntas recurrentes y ocurrentes.

Quisiera que no se de por vencida tan fácil, me encantaría que siga cuestionándose, que busque más, que cultive preguntar, que en esas respuestas encuentre magia, vida, calidez; el tiempo pasa y nosotras no hemos vuelto volar un papalote, tampoco hemos coleccionado flores de verano y con ellas hecho un cuaderno de hierbas, tampoco una corona con flores de verano…. ¡Cuánto nos falta por hacer!

El campo y sus flores

Veo pasar el tiempo y los años en mi, en ella, en mi mamá, mi mamá que cada vez ve menos con sus ojitos, miro como su piel cambia, así como mi hija no quería crecer porque no quería morir, quisiera que mi mamá me dure muchos años más, ¿Qué me hace falta hacer con mi mamá? ¿Jugar?¿Hacer un cuaderno de flores de verano? Bordar y coser ¿De qué llenamos la vida? ¿De qué llenamos los días? Ojalá sea de risas, de palabras cariñosas, silencios y cantos, volver a cantar, aprender canciones amables, de colores y sonidos de todo el mundo, un equipaje lleno de magia, y pócimas para el buen vivir, la manzanilla que calme la inflamación y el malestar de los pensamientos innecesarios, el jazmín para el corazón decepcionado, las rosas para recobrar la certeza, el tomillo para la garganta cerrada, la lavanda para el buen dormir, y así los recuerdos de doña Vicenta, su risa tierna y picara, de mi abuela querida doña Juana con su dulce ver y pensar, mis mujeres antiguas, que brotan en mis sentimientos y me llenan de sentido, estas aguas transparentes que lavan mi interior cada vez que surgen.

La crianza no podría ponerme en mejor lugar tildando siempre entre una pregunta y el corazón, entre la búsqueda y el hoy, entre el presente y la fuerza del futuro, la crianza que me cría también, la crianza que me abraza y endulza y educa, la crianza que es un camino en si mismo.

Estos días me preguntaba acerca de la pasión, ¿Qué me apasiona? Tantas cosas me gustan, coser, diseñar, cantar, dar clases, enseñar, escribir, pero en este mundo y la sociedad nos invita todo el tiempo a ser productivos ¿La pasión y la producción pueden combinarse? Y es cuando dos ideas llegan, tienes que ser muy bueno para dedicarte a ello, sin embargo llega al rescate la idea, siéntate a trabajar en ello y tal vez llegará la musa de la inspiración mientras lo esté haciendo. Hoy me quedo con la última, escribo, cocino, canto, doy clases, trabajo, emprendo, y en el día a día llegará la inspiración, estoy segura, que esa ave blanca azulada estará visitándome cuando menos me lo imagine, seguro que no me daré cuenta, pero me visitará mientras este trabajando y laborando en este mundo. El tiempo pasa, tengo cerca a mi papá, a mi papá que amo tanto.

¿Ustedes de qué llenan sus vidas?

Ainek

9 de abril 2021